Capítulo 35

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Mientras decidía qué llevarme y qué tirar, me atacó la nostalgia. Mientras observaba mi habitación, esa donde viví los últimos tres años y la cual dejaré en pocos días, sentí que algo de mí se quedaba en esas paredes.

Tomé una fotografía de Pamela y mía de nuestro primer día en este pequeño apartamento. Recordaba esa noche, nos sentíamos tan contentas, conversamos hasta muy tarde y desde ese día nos volvimos inseparables... y ya solo me quedaba una semana para disfrutar de su amistad.

¡Amelia! —gritó mi amiga haciéndome saltar sobre mi cama. La observé y sonreí porque hasta sus gritos echaré de menos— ¿Qué? —preguntó cuando la miré con pesar— Dijiste que no debemos llorar...

No estoy llorando —era verdad— Solo creo que te extrañaré.

¿Crees? —ella se rio y entró a mi habitación.

Pamela se sentó a mi lado y tomó la fotografía en mi mano.

Pensé que Sergio sería quien nos separaría —susurró— pero me equivoqué... eso lo hizo Sebastián.

¡Hey!... eres tú la que se va del país.

Sí, pero tú deberías participar en el concurso —me dijo— ganarlo y mudarte conmigo allá... en Europa donde encontrarías al amor de nuestras vidas.

Yo ya lo encontré —ella giró los ojos y luego se rio— lo hice y soy feliz.

Lo noto, Amelia... créeme que es imposible no notarlo —ambas nos reímos— pero creo que es pronto para que vivan juntos.

Lo sé —admití levantando— Pero quiero intentarlo...

Hasta hace unas semanas te asustaba los... gustos de Sebastián y hoy estás dispuesta a vivir con él...

La miré y me encogí de hombros.

Creo que ya no me asustan tanto sus... gustos —pero aun me avergonzaba hablar de eso porque me ruboricé de inmediato.

Te entiendo —susurró— Sabes que te entiendo, pero también sabes que conozco más que tú esos gustos y creo que aún es pronto...

Si seguimos poco a poco... como hasta ahora, creo que todo irá bien... tenme un poco de fe jaja

El asunto no es la fe, Amelia... —aseguró más seria de lo debido— El problema es que creo estás olvidando las reglas del juego... —fruncí el ceño al no entenderla, ella suspiró— ¿Qué tal si abrimos esa botella de vino que lleva meses en la nevera y conversamos? —le hice mala cara a la idea de beber en día de semana— ¡Vamos! Sabrá Dios cuanto tiempo pase hasta que podamos volver a tener un momento de amigas...

Y como sabía que tenía razón, acepté su invitación.

Juntas caminamos hacia la cocina, mientras ella buscaba esa botella, yo coloqué un poco de música y me senté sobre el sofá. Ella regresó con dos copas y su botella de vino tinto.

No me terminaste de contar sobre Andrés —susurró al sentarse frente a mí.

Apenas lo mencionó me sentí avergonzada y cuando me miró se rio de mí.

Si Antonio hubiera tenido un amigo como Andrés, seguro me la hubiera pasado mejor jajaja —yo también me reí y tomé la copa que ella me ofreció— pero en mi caso no fue tan guapo...

¿Pero te gustaba? —pregunté con cierta preocupación.

Era sexo Amelia... obviamente que me gustaba —ella levantó su copa y la acercó a mí— Brindemos por esos... gustos.

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