Capítulo 23🔥

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El taxi se detuvo frente a aquel lugar y no pude evitar mi mueca de desagrado al recordar el momento en el que lo vi ahí, con una mujer mordiendo su erección.

Busqué dinero en mi bolso y pagué el servicio. Octavio, el mismo hombre que trató de echarme la primera vez que estuve allí, abrió la puerta y me regaló una sonrisa amable.

Buenas tardes, señorita —me dijo.

Hola —fue todo lo que respondí.

El señor la está esperando, la acompañaré hasta la oficina.

Gracias...

Caminé junto a Octavio hacia la entrada de ese lugar, abrió las puertas de madera y en la entrada había un grupo de personas conversando y riendo. Pasé sin mirarlos y seguí hacia las escaleras por donde me guiaba Octavio.

Observé el brillante piso de mármol y cuando llegamos al segundo piso fui guiada hasta la ultimas puertas.

El señor está aquí... —concluyó el hombre.

Gracias —le sonreí sin ganas y luego él se alejó de mí.

Golpeé la puerta, pero nadie abrió, no estaba segura si está ocupado y me tardé un poco más en insistir, pero cuando lo hice la puerta se abrió sola.

¿Sebastián? —susurré empujando un poco más la puerta, pero no había nadie.

Entré con un poco de temor, pero me di cuenta de que el lugar estaba vacío. Miré detrás de mí y no escuché ningún ruido, pero era el lugar donde Octavio me dijo que estaría Sebastián así que decido entrar y esperarlo.

La oficina de Andrés era más grande que la Sebastián, tenía dos sofás de cuero marrón y un gran escritorio. Habían persianas de pared a pared y un estante con fotografías a un lado de su escritorio.

Caminé hacia el estante al reconocer a Sebastián en varias de sus imágenes. Había una de ambos tan jóvenes que sonreí sin poder creer que esos dos chicos delgados y con pinta de vaqueros fueran los hombres elegantes y varoniles que eran en la actualidad.

Había otras fotos con Antonieta y también con su madre.

Ellos parecían ser muy amigos y me sentí bien de no sentir celos de Marcela. Tomé una fotografía de Sebastián con Anto en sus brazos cuando aún era una niña y me recosté del escritorio.

Un ruido me hizo saltar y me di cuenta de que al apoyarme había presionado un control remoto y pronto las persianas empezaron a abrirse. No sabía cómo detenerlo así que presioné varios botones hasta que esta dejó de moverse, pero al abrirse me había dejado una excelente vista hacia el salón rojo.

Quise cerrar las persianas, pero al intentarlo estás empiezan a abrirse más así que solté el control resignada.

Estuve decidida a salir de esa oficina, pero al mirar sin querer hacia el salón pude ver a Andrés y la idea de que Sebastián estuviera allí me hizo detenerme y mirar con detenimiento aquel lugar.

En un lado de la izquierda había una pareja de mujeres riendo y un hombre sentado en la mesa de centro observándolas con interés. Él jugaba con la mano de una y parecía normales.

Giré a la derecha y había un hombre sentado en otro sofá y una mujer con vestido turquesa sobre él besándolo. Las manos de él estaban en sus pechos y los presiona, ella parecía disfrutarlo.

Dejé de mirar y continué mi búsqueda, entonces volví la mirada hacia Andrés.

Él era un hombre alto, guapo y bastante interesante, vestía al igual que Sebastián de manera formal, con trajes elegantes, pero parecía más jovial que el hombre del que estaba enamorada.

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