Capítulo 24

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Andrés estaba sentado frente a mí y Carol a mi lado. Estábamos revisando los balances del club y acordando los cambios que haríamos en los nuevos ambientes.
El móvil de mi amigo vibró, él con total calma lo tomó, enfocó mejor su mirada y una sonrisa apareció de inmediato en sus labios.

Carol me miró sorprendida y yo levanté mi ceja observando a mi amigo distraído y visiblemente feliz de lo que sea que estaba leyendo.

¿Los ambientes nuevos serán en el ala sur? —preguntó Carol, yo asentí— El arquitecto irá mañana a eso de las 11... ¿está bien para ti, Andrés?

Mi amigo ni siquiera la escuchó y eso que Carol le hablaba en voz alta. Ella me miró con sorpresa al ver lo distraído que estaba nuestro amigo.

¿Andrés? —llamó Carol de nuevo.

Andrés levantó la mirada solo un segundo y asintió.

—Ni siquiera me ha oído —se quejó mirándome, yo sonreí con diversión— Andrés, Luciana se quedará con el club...

Está bien —respondió mi amigo sonriéndole a su móvil.
Carol que nunca gozó de mucha paciencia le golpeó la cabeza con el documento que tiene en las manos. Andrés la miró sorprendido y esta lo fulminó con la mirada.

¿Por qué me golpeas? —preguntó él.

Por idiota —respondió mi asistente— Te acabo de decir que Luciana se quedará con el club y dijiste ok —La mirada de desagrado de mi amigo apareció de inmediato—¿Con quién chateas?

¿Eh? —se hizo el tonto— Con una amiga.

¿Una amiga a la que te has follado? —preguntó Carol.

Andrés suspiró.

Aun no...

Con razón tiene toda tu atención —concluyó ella— Cuando te metas en sus piernas dejarás de estar tan entusiasmado... ufff... hombres.

No generalices —le pedí, ella giró hacia mí.

No necesito meterte en el saco —me dijo— Tú por el contrario estás más distraído a causa del sexo que te dan...

Carol era así, siempre hablaba de sexo de forma natural, causando asombro e incomodidad entre las chicas de su edad. Quizá esa fue la razón por la que somos tan unidos, ella siempre estaba con nosotros porque éramos unos descarados y ella decía que si aprendía a identificar a los hombres como nosotros estaría más segura y sabría elegir al indicado.

Por cierto, llamé a Anto esta mañana —la mención del nombre de mi hija me hizo mirar a Carol— Le hice saber que cada final de mes debía hacer los depósitos...

¿Qué dijo?

Que estaba bien...

¿Sabes si renunció? —ella negó.

¡¿Me quieres matar?! —gritó Andrés asustándonos a ambos.

Ella y yo le dimos una mala mirada y él sonrió avergonzado.

—Lo siento... lo siento, denme un segundo —se puso de pie y escuchamos el sonido del inicio de una nota de voz— Es cruel que me digas esto por mensaje y cuando estamos cerca no me dejes terminar...

Carol me miró sorprendida al escuchar el mensaje que Andrés iba a enviar. Este salió de mi oficina y mi amiga continúo mirándome.

Creo que me he perdido de algo... —me encogí de hombros haciéndome el tonto— No me jodas Sebas, no creo que no sepas quién es la que no lo deja... terminar —rompí en risa con la forma como Carol hablaba— ¡Cuéntame!

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