Capítulo 14

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El aroma a café logró despertarme, me estiré sobre la cama suave en la que había dormido. Sábanas que olían a él, a ese aroma masculino que me tenía tan embriagada.

Abrí los ojos y me sorprendí al encontrarme sola en la habitación. El desorden que habíamos dejado la noche anterior no estaba, no había ropa tirada en el suelo ni mía ni suya.

Mi vestido estaba sobre el sofá y mis zapatos a un lado perfectamente ordenados. Le sonreí mentalmente a ese hombre maniático del orden del que me sentía tan encantada.

La puerta se abrió y mi corazón se detuvo al verlo. Él estaba luciendo un pantalón de vestir y una camisa de esas que lo hacían lucir tan hermoso. Caminó hacia la cama y se inclinó hacia mí, me besó los labios y luego acarició mi rostro.

Buen día, Amelia...

Buen día, Sebastián susurré mirándolo como tonta ¿Por qué no me despertaste?

Aún es temprano... Aseguró dándole un beso a mi nariz ¿Te gustaría montar a caballo? sonreí con descaro al recordar mi primera clase de equitación y la forma como terminó ese paseo en el ingenio tenemos caballos, he pedido que nos preparen dos... ¿Quieres?

¡Sí! Me encanta la idea. 

Sebastián me sonrió y luego caminó hacia el closet, lo abrió y sacó un par bolsas. Cerró la puerta y regresó hacia donde yo estaba y me las entregó.

Te compré algunas cosas... espero te gusten.

Intenté controlar lo mal que me sentí de ese gesto que había tenido conmigo, pero no pude lograrlo. No sabía por qué había hecho eso, no sabía si lo hacía con frecuencia con las chicas a las que se follaba, si le avergonzaba mi forma de vestir o porque solo decidió hacerlo, pero todas las opciones me avergonzaron.

¿No vas a mirar? me preguntó al ver que no tomé las bolsas, no le respondí ¿Amelia?

¿Por qué me has comprado ropa? pregunté.

He ordenado tu ropa en el closet y no he visto nada adecuado para montar... respondió con una voz juguetona ¿Te molesta que te haya comprado ropa?

No tienes por qué hacerlo... respondí bajando de la cama— He traído un par de jeans que serviría para montar... quizá no sea de la marca que sueles lucir, pero me gusta lo que tengo.

Caminé hacia el baño con la intención de escapar de su mirada, pero sus manos me atraparon tan pronto como me moví.

Me giró y en ese instante por primera vez lo vi molesto.

No te he comprado ropa porque no me guste la tuya ni mucho menos... bajé la mirada y solo lo escuché ¡Mírame! ordenó con una voz fría, lo obedecí lo hice porque esos pantalones no te ayudaran a montar... si te ofendí, aunque no entiendo cómo, me disculpo.

No me ofendiste susurré pero no tienes por qué comprarme nada... no me gusta, es incómodo.

¿Incómodo por qué? —preguntó asombrado— Solo es ropa... solo quería que estuvieras cómoda... ¿Eso es malo?

Sabía que me estaba manipulando, sabía que usando esas palabras con ese tono dulce y amable lograría calmar mi molestia.

Tómalo como un adelanto de cumpleaños susurró mordiendo mis labios El 20 de noviembre te daré un regalo menos...

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