Capítulo 7

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Amelia trató de reaccionar y extendió su mano temblorosa hacia mí. Me obligué a salir de mi asombro y tomarla. Mi cuerpo se encendió a penas sentí su piel, apenas la mía reconoció su calidez y recordó lo mucho que la había echado de menos.

Mucho gusto, señor Becquer... —susurró con una voz débil y sin mirarme.

Es un placer, Amelia...

Ella se liberó de mi mano y retrocedió hasta donde estaba la mujer que casi había palidecido al verme. Recordé el nombre que me había dado y entendí que era su mejor amiga, la niña que había entrado al club aquella noche, la culpable que nos hayamos conocido.

No podía creer que el destino fuese tan hijo de puta.

De todas las editoriales donde mi hija podría trabajar justo lo hacía en la misma de Amelia, y de todas las chicas con las que mi hija hubiera podido hacer amistad, justo lo hace con ella.

Anto la abrazó y hasta hizo sonreír a Amelia. Mi hija era muy cariñosa, pero solo con las personas que realmente se ganaban su confianza.

No supe como sentirme de verla actuando de ese modo con Amelia, no sabía si lo que había pasado entre nosotros podría afectarla de algún modo.

—¿Verdad que mi padre es guapo? —preguntó Anto mirando a Amelia, ella enrojeció y mi hija empezó a reír— ¡No soporto tu timidez! —exclamó Anto antes de mirarme— ¿Sabes que Amelia estaba saliendo con un hombre de tu edad?

La sangre huyó de mi rostro al pensar en la posibilidad qué Amelia le haya contado lo sucedido, Amelia la miró incomoda.

Apuesto que morirías si me consigo un novio de tu edad —bromeó mi hija.

Mi mala cara le hizo saber que no me había gustado su chiste y ella dejó de reír de inmediato.

Tranquilo papá, aunque me gustan mayores, no llegan a tener tu edad —ella besó la mejilla de Amelia y caminó hacia los chicos— Bueno, ellos son Raúl, Luis y Mateo... los tres trabajan con nosotras en la editorial.

Le di la mano a cada uno de ellos y los invité a entrar. Aurora salió a darles la bienvenida y no pudo reprimir la sonrisa al ver a Amelia, pero está disimuló saludando junto a los demás cuando mi hija las presentó.

Todos siguieron a Aurora cuando fue a mostrarles las habitaciones y yo casi corrí hacia el bar y serví un poco de vino. Lo bebí por completo para poder calmar mis nervios.

Tenía años sin sentirme de este modo, pero no esperaba algo así. Jamás me imaginé que la joven a la que mi hija llamaba ratón de biblioteca era Amelia y me costaba trabajo creer que el destino podría ser tan jodido para algo así.

Un poco más calmado hasta me reí de lo que estaba sucediendo. Incluso disfruté al recordar su rostro pálido y sus manos temblorosas al descubrir que el padre de su nueva amiga era yo.

Mi hija bajó junto a dos de los jóvenes, el desadaptado y otro de cabello castaño y ojos claros.

Ya te dije que esta es tu oportunidad —susurró Anto— Amelia necesita olvidar a ese hombre y tú eres el indicado.

Apreté mi copa con tanta fuerza que casi pude romperla. Giré a mirar a quien estaba hablándole y me di cuenta de que se trataba del tal Raúl.

—Ya han ido a comer un par de veces —agregó el desadaptado logrando que lo odiara más— solo no bajes la guardia.

Raúl me sorprendió al hacer silencio y asentir.

El ruido de la risa de las chicas al bajar por las escaleras hizo que ellos giraran. La mirada de Amelia fue directo a la mía y me sentí agradecido por ello, aunque solo hubiera durado un segundo porque disimuló de inmediato.

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