Su cuerpo seguía desnudo sobre mi cama, su cabello extendido sobre la almohada y su rostro mostraba una paz que me hacía sentir satisfecho.
La noche anterior fue de las mejores que había vivido en años. Me sentí tan complacido por la forma como ella se atrevió a experimentar algo a lo que sé le temía. Me sentí honrado de la forma como confiaba en mí y tan amado porque sabía que si se había atrevido a participar de la fiesta fue por mí.
Me sentía tan enamorado, tan feliz y completo que me costaba creer lo que estaba viviendo.
El vibrar de su teléfono logró interrumpir su profundo sueño así que continué bajando mi mano hasta el final de su espalda, en esa curva perfecta donde iniciaba su provocador trasero, ese que no pude evitar acariciar.
Amelia se movió como un gatito buscando mi atención y le sonríe cuando giró y sus dormitados ojos me miraron con ese brillo de satisfacción que solo te puede provocar una noche de buen sexo.
—Buen día —susurré sin dejar de acariciar su suave piel.
—Buen día —respondió con una voz dulce y melodiosa. Me incliné y beso sus labios— ¿Es muy tarde? —preguntó girándose y acercándose a mi pecho.
—Apenas serán las ocho de la mañana...
—¿Ocho de la mañana? —repitió sorprendida— ¿Y por qué estás despierto? —la abracé y ella se apretó a mi cuerpo.
—¿No has escuchado que mientras más viejo te haces, duermes menos?
Ella empezó a reír y yo me sentí mucho más feliz de escuchar su buen humor.
—Pues que suerte tengo de haber encontrado a un viejo como tú.
Me besó y yo la aferré a mi cuerpo disfrutando de su calor y ese amor que me hacía sentir incluso con un simple beso.
—¿Cómo te sientes? —pregunté ordenando su cabello.
—Siempre que estás conmigo me siento bien —se abrazó a mí y sonríe complacida— ¿Tú estás bien?
—Después de haber estado contigo en la fiesta, no podría estar mejor...
La observé con atención intentando descifrar cómo se sentía esa mañana después de su primera noche en un club Swinger. Ella levantó su rostro y me miró con un rubor hermoso en sus mejillas.
—¿En verdad la pasaste bien? —su pregunta me sorprendió y ella se alejó un poco— es decir, solo estuviste conmigo y no participaste de la fiesta como quizá lo hiciste años atrás...
La tomé de la cintura y la subí sobre mí, ella sonrió cuando le acaricié sus hermosos pechos desnudos.
—Si participé de la fiesta —le aclaré mientras mis manos parecían agradarle porque su rostro mostró una sonrisa de placer—Tuve sexo con una mujer a la cual no le vi el rostro —ella sonrió divertida— y para serte sincero, en 10 años es la primera vez que he perdido la cuenta de cuantas veces me corrí.
Sus ojos brillaron con orgullo y yo me senté sobre la cama para tenerla más cerca de mí.
—De las 10 fiestas de máscaras, esta ha sido la mejor para mí —mordí sus labios y ella me rodeó el cuello con sus brazos— y ha sido así porque tú estuviste en ella, conmigo y porque verte disfrutar hizo mi noche insuperable.
Amelia me besó y yo disfruté de su boca por varios minutos hasta que ella escondió su rostro en mi cuello. El silencio de la mañana y el aroma de su piel era todo lo que deseaba tener por el resto de mi vida.
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Despertar
Roman d'amourAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
