Capítulo 15

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Volver a mi pequeña ciudad después de tantos meses me hizo sentir un poco mejor. El aroma del lugar, las tiendas a las que solía ir con mamá, todo seguía siendo igual, solo yo había cambiado.

Tomé un taxi y en ocho minutos estuve frente a mi casa, busqué mi llave y abrí la puerta.

La música que se escuchaba dentro me hizo sonreír.

Mírame, en nada me consigo... concentrar. Ando despistado, todo va muy mal, soy un desastre y no sé... ¿Que está pasando?

Dejé mi equipaje en la entrada y caminé hacia la cocina donde escuchaba ruido. Cuando llegué a la entrada mamá estaba sosteniendo el batidor en su mano y lo hacía girar mientras su delgado cuerpo se movía de un lado al otro.

—Y es la fuerza que te lleva, que te empuja y te llena, que te arrastra y que te acerca a Dios.

Mi madre tenía el cabello pintado de cobrizo, siempre había usado ese color y contrastaba tan bien con el tono pálido de su piel. Su rostro era delgado y a pesar de tener casi 45 años no mostraba ni una sola arruga, ella era hermosa, con facciones delicadas, un perfil delgado y dulce. Mamá era pura sonrisa, pura alegría, estar cerca de ella alegraba a cualquiera.

La vi apagar el batidor y lo dejó sobre la mesa, fue entonces cuando notó mi presencia. Ella giró y su sonrisa se amplió al verme.

—¡Oh Dios mío! —gritó, yo sonreí cuando corrió hacia donde yo estaba y me abrazó— ¡Mi vida!

—¡Mamá!

Me abracé a ella como si aún tuviese cinco años, como cuando era pequeña y mi vida era perfecta si mis padres estaban conmigo. Mamá me besó el rostro una y otra vez, me miraba y volví a besarme. Creo que pasamos 10 minutos de ese modo hasta que por fin se tranquilizó.

—¡Ay Dios! —exclamó mirándome, no entendí hasta que me di cuenta que mi ropa estaba llena de harina— Mira lo que te hice.

No importa —sonreí, ella volvió a abrazarme— te he extrañado tanto, mami.

Ay mi vida, nosotros igual... pero cuéntame ¿Por qué no nos avisaste que vendrías? ¿Tú padre lo sabía?

No, no lo sabe... fue un viaje de último momento...

—¡Magnifico! Entonces le daremos la sorpresa —solo asentí y ella me liberó— Déjame meter el pastel al horno.

Ella me besó una vez más y luego se alejó de mí. La ayudé a abrir el horno mientras metía su pastel de chocolate. Se limpió las manos, se quitó el mandil y me llevó hacia el sofá.

—¡Cuéntame cómo estás! —pidió emocionada— ¿Cómo va la universidad, el trabajo...Pamela?

Bien, Pamela tan loca como siempre, el trabajo igual bien y la universidad... de vacaciones aún.

—¿Estás bien? —preguntó mamá.

Le sonreí a esa intuición suya que jamás le había fallado antes. Ella tomó mi mano y su interés aumentó.

—¿Es un chico?

No, no es un chico, mamá, es un hombre.

Dime que no es Sergio...

—¡Por Dios, tú y Pamela están en lo mismo! —me quejé.

—¿Entonces es alguien más...? —respiré profundo y terminé aceptando— ¿Lo conozco...?

Sabía que mamá estaba pensando en Raúl, lo había conocido en una de esas veces que ella y papá fueron a visitarme y notó su interés por mí. A mi padre no le agradó, le parecía demasiado bueno para ser real.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora