Recuerdo la primera vez que Andrés y yo estuvimos en un club como el nuestro. Habíamos viajado a Brasil, un amigo y su esposa nos invitaron a participar de una reunión Swinger, un término que en ese momento era totalmente desconocido para nosotros. A ambos nos dieron unas pulseras azules que no sabíamos su significado, pero la pareja de amigos llevaba pulseras verdes. Andrés tenía una noviecilla con la que salía de forma casual, nada importante y yo, yo llevaba más de un año alargando una relación que sabía no daba para más.
Aquella noche Andrés tuvo sexo con esa pareja de amigos y yo solo estuve allí, observando el lugar. Fue allí donde me di cuenta que a mi matrimonio le faltaba eso, un poco de sexo descontrolado. Quise probar ese tipo de experiencia, pero no me atreví a hacerlo, aún me era difícil pensar en estar con alguien más y no sentir que le estaba siendo infiel a mi esposa.
La pareja de amigos lucía tan enamorados, tan unidos y seguros que sentí admiración y deseé tener eso.
Recuerdo que aquella vez cuando volví a casa, tuve sexo con Marcela después de mucho tiempo y cuando todo parecía mejorar entre nosotros pensé que era lo que nos faltaba. Ella lucía feliz y yo me sentía bien, pensé que nuestra relación podía tener una oportunidad, pensé que si ella y yo nos atrevíamos a explorar nuestra sexualidad y hacer realidad nuestras fantasías todo mejoraría.
Andrés y yo estuvimos recorriendo varios clubes iguales al que habíamos conocido en Brasil. Entendimos las reglas y aprendimos sobre el funcionamiento así que decidimos trabajar en ello. Seis meses después el club estaba oficialmente abierto.
Admito que supuse que a Marcela no le daría mucha emoción el asunto. Ella había perdido la virginidad conmigo y yo era el único hombre con el que había tenido sexo, ella había conocido el placer en mi cama, con mi cuerpo y sabía que la idea de participar en cosas como esas la escandalizarían al principio y así fue.
Cuando le conté de qué iba el club casi se muere, la idea no solo le molestó, sino que el hecho de que yo estuviera involucrado en algo así la hizo pensar que ya había participado. Le juré que no había sido así, le conté que solo había mirado, que solo había sido un espectador, pero ella no me creyó, creo que aún piensa que la engañé, pero no había nada que yo pudiera hacer para que me creyera.
Nuestra relación empeoró a tal punto que ella empezó a dormir en otra habitación. Las discusiones cada vez que yo iba al club a trabajar con Andrés eran interminables. Le pedí que fuera conmigo, que viera ella misma de qué se trataba, pero se negó.
Seis meses después de abrir el club, ella estaba pidiéndome el divorcio y aunque hubiera deseado que las cosas fueran diferentes... acepté.
Me fui de casa y estuve viviendo unos meses con Andrés, papá murió poco tiempo después y tuve que tomar las riendas de la empresa así que ha sido mi amigo quien ha hecho que el club siguiera adelante.
Sabía que a las personas les costaba entender algo así. La hipocresía que cubría el mundo era demasiado grande y nos habían acostumbrado a tomar el sexo como algo que debemos ocultar en cuatro paredes.
A mis 29 años había aprendido que el sexo era más, que podíamos tener y dar más. El Swinger me enseñó que podías hacer realidad tus fantasías sin tener que engañar a tu pareja. Entendí que todo dependía de la seguridad y unión que hubiera en tu relación, también entendí que no todos pueden ser parte de ese juego.
Las mujeres por lo general eran las que más se involucraban, por ello era preferible que las parejas se relacionaran con otras parejas que solo buscaban divertirse y no involucrarse sentimentalmente.
Por ello al principio me reusé a participar con Andrés y Luciana. Ellos ya llevaban algunos años casados y cuando la relación empezó a tener problemas, él quiso hacerla parte del juego. Ella se negó durante muchos meses, la idea de tener sexo con otro hombre le asustaba y el imbécil de Andrés pensó que, si ese hombre era yo, las cosas serian diferentes.
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
