Capítulo 22

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Los balances sobre la producción de medio año me llevaban muerto. Escuchar a tantos supervisores dando reportes y quejas era agotador, pero era parte del tedioso momento.

Escuché las propuestas, opiniones y quejas y después de hacer un examen concreto dimos por terminada la junta. Salí de la sala y caminé hacia mi oficina con el gerente de fábrica explicándome o mejor dicho justificando sus errores.

Señor, Becquer nos ocuparemos de todo lo acontecido y tendremos mejores cifras para finales de mes.

Esperemos que sea así —respondí tomando su mano antes de entrar a mi oficina— encárgate de verificar las condiciones de los molinos, no se puede permitir errores que nos cuesten la producción total.

No se preocupe, estaré al tanto de todo...

Apreté su mano otra vez y él se despidió. Carol salió de su escritorio y se acercó con la Tablet en la mano.

En media hora vendrá el jefe de cosecha para explicarte los inconvenientes con el corte.

Asentí y abrí la puerta de mi oficina, me sorprendió mucho encontrar a mi hija sentada frente a mi escritorio.

—Ah sí, Anto vino a verte —anunció Carol.

Mi hija giró y al no recibir una sonrisa supe que no se le había pasado el mal humor.

Carol masajeó mi hombro sabiendo que la presencia de mi hija no era de cortesía y necesitaría de mi buen humor para lidiar con ella.

Carol nos dejó solos y esperé que mi malcriada hija me saludara, pero solo se quedó en silencio mirándome.

¡Buenas tardes! —exclamé caminando hacia mi escritorio— Que gusto verte.

Hola papá...

No necesitaba ser adivino para entender que a mi amada hija el mal humor todavía no se le pasaba, pero se había equivocado de día, de hora, de momento porque en ese instante sabía que si me salía con alguna tontería ella estará en serios problemas.

¿Podemos hablar? —preguntó aun con mala cara.

Abrí la chaqueta y me senté frente a ella.

Depende —respondí— si hablaré con mi hija adulta y madura, sí, podemos hablar... —Ella resopló y después de respira profundo me miró— Tengo una reunión en 20 minutos...

Seré breve... —respondió cortante— Voy a renunciar a la editorial —anunció con los ojos fijos en mí— no quiero trabajar más allí...

Cálmate Sebastián... cálmate.

Si es tu decisión, la respetaré...

Sí, es mi decisión —aseguró con molestia— No quiero trabajar más allí.

Bien...

Ella me miró y sé que esperaba que dijera algo más, pero no estaba dispuesto a empezar una discusión con ella.

¿Eso es todo? —pregunté.

Sí, solo vine a decirte que no trabajaré más con tu... —le regalé una mirada de advertencia y ella hizo silencio— ¿novia?—preguntó, no respondí— eso todo lo que quería decirte...

Antonieta se puso de pie y tomó su bolso de la silla.

¿Tienes otro empleo? —pregunté, ella me miró confundida— Si has decidido dejar el trabajo, imagino que tienes otro, ¿verdad?

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora