Los cuentos de hadas están llenos de villanos que intentan destruir el amor, el verdadero amor. Siempre creemos que el amor que tenemos es el verdadero, ese que todos envidian y quieren destruir porque solo pocos los obtenemos.
Yo había encontrado ese amor y pensé que era perfecto sin saber que mis miedos y mis prejuicios serían los que destruirían esa bonita y perfecta relación.
***
—¡Amelia! —gritó Antonieta tocando la puerta de la pequeña oficina donde trabajaba. La miré y ella sonrió— ¿Vamos?
—Aun no termino de corregir...
—¡Ay por Dios, has estado seis horas encerrada aquí!
—A eso le dicen trabajar —respondí guardando lo que había editado y cerrando mi laptop— ¿Cómo vas tú?
—Bueno, ya me falta un capítulo...
Luis apareció detrás de nosotras y la miró con ojos de corazón. Ella sonrió encantada cuando le besó la mejilla.
—¿Se van?
—Sí —respondió Anto— Ha sido suficiente por hoy.
Juntos llegamos a la entrada del pequeño edificio y aunque Antonieta se ofreció a llevarme me negué. Quería pasar por la librería para ver si tenían la novela que llevaba semanas esperando.
Crucé la calle y como cada día entré en la cafetería para tomar una buena taza de café acompañada de mis galletas con chispas de chocolate favoritas.
Mi teléfono empezó a sonar y sonreí al ver el rostro de mi padre en la pequeña pantalla de mi Galaxy S4
—Hola Pá... —saludé al responderle— ¿Cómo estás?
—Abandonado por su única y amada hija —no pude evitar sonreír— ¿Te has olvidado qué tienes padres?
—Jamás —respondí empujando la puerta de la cafetería y disfrutando del delicioso aroma— Hola Rocio...
—¡Amelia! —exclamó la mujer al verme— ¿Lo mismo de siempre?
—Sí, en cantidades industriales, por favor
Rocio empezó a reír y yo giré hacia mi lugar de siempre.
—¿Cómo has estado papá?
—Bien cariño —respondió mi hermoso padre— pero te echamos de menos... tú madre y yo hemos estado ahorrando un poco de dinero y queremos que vengas a vernos la próxima semana... ¿Cómo estás de tiempo?
Me detuve antes de ir a mi lugar favorito de la cafetería y pensé en ese viaje, en lo que ellos tendrían que gastar y empecé a inventar una excusa para ahorrarles el gasto.
—No creo que pueda, papá —susurré con pesar mientras giraba hacia el otro extremo de la cafetería— Empezaré el semestre la próxima semana y...
El corazón se me detuvo cuando fijé la mirada en aquella esquina donde solía sentarme. Era mi favorita porque estaba alejada de las demás mesas dándome un momento de paz y soledad que siempre disfruté, pero en ese instante mientras él estaba ocupando mi lugar todo lucía aún más hermoso.
—¿Amelia? —susurró mi padre— ¿cariño?
—Sí —reaccioné— estoy aquí... eh... ¿Qué me decías?
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Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
