Capítulo 52

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Develarme nunca había sido un problema, hasta que ella llegó a mi vida y pasé más tiempo a su lado que en el club.

Con su partida pensé que podía volver a ser el de siempre y aunque lo intenté, resulto que no, que había cambiado, así que la frecuencia con la que me desvelo ha bajado notoriamente.

Intento ir al club una vez a la semana, pero he tenido semanas sin aparecer por allí, quizá estoy envejeciendo o fue parte de la tristeza que llevaba en el pecho con su partida, quien sabe, pero el asunto es que me he acostumbrado a dormir temprano y es por eso que hoy ni siquiera un café me ha hecho reaccionar.

Son las 11 de la mañana y estamos en el segundo piso de la editorial donde está el aérea de imagen, ese lugar donde crean las portadas, folletos y todo lo relacionado con el marketing.

El escritor ha sido puntual y está de pie mientras el fotógrafo le hace mil fotos para las que él con paciencia posa.

¿Te divertiste anoche? —me pregunta Ana.

Sonrío sin poder evitarlo y asiento.

¿Ustedes se divirtieron? —le pregunto.

Seguro que no tanto como tú... pero la pasamos bien.

Le sonrío de nuevo mientras observo a mi hija haciendo las traducciones para los folletos que usaremos para la publicidad.

¿Qué te parece la editorial? —me pregunta Ana.

Bastante grande —respondo— me gusta.

Me alegro —responde Anabelle— no quiero arrepentirme de haberte sugerido comprar acciones.

Javier al que no me había dado cuenta de que ahora está detrás de Anabelle y frunce el ceño.

¿Tienes acciones en la editorial? —me pregunta sorprendido.

Ana me mira preocupada y yo solo le sonrío al escritor.

Tengo acciones en muchas empresas —es la respuesta que le doy.

Él se queda pensativo y luego mira la hora en su reloj.

¿Amelia está aquí? —pregunta el escritor.

Supongo que sí —responde Ana— ¿No vino contigo?

No...

Ella toma su móvil y la veo marcando a alguien.

Él me mira y yo camino hacia las grandes ventanas para observar la ciudad desde allí.

¿Hasta cuándo te quedas? —me pregunta Javier cuando se detiene a mi lado con una bebida fría en la mano.

¿Ya quieres que me vaya? —le digo, él sonríe.

¿Por qué querría eso? —me dice con una calma que realmente aplaudo—Pilar me dijo que no podían esperar al lunes por las fotos... así que supongo que se van antes...

Mañana... —respondo— Nos vamos mañana...

Él sonríe, pero no de alegría, hasta parece reírse de mí y eso hace que le regale una mirada de advertencia.

Hasta pensé que habías venido por ella —me dice ahora muy serio.

¿Por quién? —pregunto haciéndome el tonto.

¿No te parece que los dos estamos bastante grandes para este... juego? —me reprocha y admito que me sorprende.

Solo lo miro sin decirle nada porque si cree que hablaré de Amelia, se quedará esperando porque jamás lo haré.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora