Yo era un hombre seguro, un hombre que a pesar de mis casi 40 años me sentía moderno y liberal. De ese modo había criado a mi hija y aunque me asustaba que cualquier día ella llegara a casa con un desadaptado, me había prometido que no haría un escándalo si ese desadaptado la hacía feliz.
Había pasado los últimos 10 años siendo libre, jugando con mi libertad, con mis fantasías, con mi cuerpo y con el de muchas mujeres, pero aparece una niña que apenas estaba empezando a vivir y hace que mi mundo perfecto empiece a parecer incorrecto.
Me hace prometer que no habrá nadie más y aunque cumpliré esa locura me aterra la idea de imaginar lo que sucederá cuando tenga que explicarle sobre el club.
—¡Papá! —gritó mi hija desde el pasillo.
Golpeó mi puerta y le indiqué que entrara. Ella lo hizo y me miró con preocupación.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Vine a cambiarme de ropa... la carne me salpicó —mentí— ¿No te lo dijo, Amelia? —ella negó— tu amiga es un poco tímida...
—Es muy tímida —respondió mi hija— no sé cómo se atrevió a salir con alguien de tu edad...
—¿Te parece horrible que salga con alguien de mi edad?
—¿Te parece a ti? —preguntó mi hija.
—No, creo que depende de la madurez de cada persona...
—También lo creo —respondió acomodando el cuello de mi camisa.
—Eso quiere decir que, si un día te presento a una novia de tu edad, ¿no vas a horrorizarte?
—Obvio no... —sonreí con descaro al escucharla—. Mientras no sea una de mis amigas... todo bien.
Toda la esperanza se fue al diablo al oír su aclaración.
Antonieta lo había dicho muy seria así que asumí que esa era su única condición y la que no iba a poder cumplir.
—¿Ahora te gustan jóvenes? —preguntó, no le respondí—. No eres el viejo de Amelia ¿verdad? —creo que palidecí y ella empezó a reír— siempre te dices viejo a ti mismo, pero cuando yo bromeo palideces jajaja
Antonieta me abrazó y luego me dejó terminar de atar mis zapatos. Ella se detuvo en la ventana y miró hacia el jardín.
—¿Crees que mamá regrese con novio? —susurró.
—No lo sé... pero no la presiones.
—Espero que sí —susurró— no quiero que sufra cuando sepa que estás saliendo con alguien...
—No he dicho que estoy saliendo con alguien...
—No, no lo has hecho —respondió girando a mirarme— pero sé que alguien te tiene distraído y triste.
—¿Me ves triste?
Ella se acercó y me miró a los ojos. Frunció el ceño y sonrió.
—¿Arreglaste las cosas con ella? —me preguntó.
—¿Con quién?
—¡Papá! —Se quejó, yo sonreí— No me creas tonta eh...
—Nunca lo he creído, cariño...
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Despertar
Roman d'amourAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
