Capítulo 12

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Estuve sorprendida de saber que iríamos a San Mateo, pues siempre me había gustado ese lugar. Mis padres solían llevarme allí en mis cumpleaños, teníamos un restaurant de comida japonesa favorito que visitábamos con frecuencia. San Mateo quedaba a solo 30 minutos en auto del lugar donde había nacido así que me hizo muy feliz estar allí.

Esa fue la primera vez que iba en primera clase, fue la primera vez que entré a la zona V.I.P del aeropuerto y disfruté de los lujos que ciertas personas pueden darse.

Sebastián había quitado su rostro preocupado y me sentía tan orgullosa de haberlo logrado. Me sentí temerosa al principio, un hombre como él ha debido haber experimentado todo tiempo de placer en todos sus años y yo nunca había hecho algo así, pero le gustó. Dijo que del 1 al 20, me daba 100 jajaja.

Un chofer nos había esperado al llegar al aeropuerto y nos llevó hasta el centro de la ciudad. No entendía por qué me seguía sorprendiendo de la buena vida que él tenía si con solo ver su casa era evidente que lo que menos problemas le daba era el dinero, pero fue así, me sorprendí mucho cuando el auto se detuvo en un hotel cinco estrellas ubicado en el centro de la ciudad.

Él tomó mi mano y me llevó a su lado hasta la recepción. Fuimos recibidos con exagerada atención y nos llevaron hasta el piso ocho donde nuestra habitación... bueno suite, nos esperaba.

Aquello era más grande que el apartamento que compartía con Pamela, en verdad parecía un apartamento. En la entrada estaba un salón con sofás antiguos y una TV gigante colgando de la pared. A su lado una mesa de madera oscura y brillosa muy cerca de lo que simulaba una cocina rápida que contaba con un frigorífico y una alacena equipada para una gran cantidad de personas. Lo mejor fue que tenía muchos chocolates que con solo verlos se me hizo agua la boca.

Sebastián tomó una caja y la abrió frente a mí. Extendió una trufa hacia mi boca y yo la tomé con placer. El sabor del cacao y un licor suave hicieron que lo disfrutara el doble. Él y su mirada cautivadora me observaron con una sonrisa perfecta en sus labios.

Así que te gusta el chocolate... susurró. Yo asentí mientras terminaba de disfrutar de lo que me había dado ¿Qué más te gusta?

susurré cuando terminé de comer Tú me gustas mucho...

Bajó la mirada manteniendo su sonrisa perfecta y caminó hacia mí. Me tomó de la cintura, me presionó contra su cuerpo y sin decir nada más, me besó. Dejé que lo hiciera porque empezaba a sentirme adicta a sus besos, a sus caricias, a tenerlo dentro de mí.

Siempre escuché que a mi edad las personas eran sexualmente activas, es más mis amigas lo eran, ellas solían buscar sexo casual cada fin de semana cuando no tenían pareja, aseguraban que no era posible que yo estuviera ocho meses sola y no intentara distraerme con algún chico.

Sergio había sido mi último novio y aunque teníamos sexo con frecuencia nunca me sentí de ese modo, es más, casi siempre lo hacía por complacerlo y no porque yo lo deseara. Hasta llegué a pensar que era una mujer fría a la que le costaba disfrutar del sexo, pero con Sebastián todo cambió.

Desde aquella primera vez con un beso él había acabado con esa idea que formé respecto a mí y el sexo, pero es que había sido el único que realmente se tomaba el tiempo para llevarme al límite. Era el único hombre que ponía mi satisfacción incluso sobre la suya y eso me tenía aún más cautivada.

Eso lograba hacer que yo quiera darle lo mismo, lograba que yo dejara mi timidez y pudiera hacer cosas como lo que hice en su auto antes de viajar.

El tiempo se detenía cuando él se apoderaba de mi cuerpo. El mundo dejaba de importa cuando estaba entre sus brazos disfrutando de todo lo que un hombre experimentado como él sabía entregar en el sexo.

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