Una de las chicas del club golpeó la puerta y los tres giramos. Ella entró empujando un carrito y sobre este llevaba una botella de champagne y tres copas.
—Gracias Ruth —susurró Andrés acercándose a la joven.
—Es un placer, señor.
Ella dejó las cosas y salió de la oficina sin decir nada más. Andrés abrió la botella y empezó a llenar las copas.
—¿Todas actúan así? —preguntó Carol.
—¿A qué te refieres? —susurró Andrés aun entretenido con el champagne.
—A que pareciera que mueren por echar un polvo contigo.
Mi amigo y yo nos reímos y ella giró los ojos.
—Lo entendía cuando eras un joven de 20, pero a tus 40... ¿aún actúan así?
Él se encogió de hombros mientras extendía la copa hacia nosotros.
—No sé, cariño —respondió Andrés— No me he dado cuenta.
Mentía, claro que lo hacía, porque sabía muy bien que Ruth desearía no trabajar aquí y poder ser parte de alguna noche de diversión de Andrés.
—Mentir nunca ha sido lo tuyo —aseguró nuestra amiga— Bueno... brindemos —Andrés tomó su copa y se acercó— No voy a negar que esta compra me hace mucha ilusión... por eso estoy tan feliz de que seas el nuevo dueño de la editorial...
—Eso de follarse a las empleadas no es ético, señor Becquer —aseguró mi mejor amigo, Carol empezó a reírse y negué ante su broma— Bueno, seamos serios... —acomodó su camisa y me miró— Estoy seguro de que la editorial no pudo conseguir a un mejor dueño que tú, y sé que, así como lo haces con la empresa y el club... la editorial será un éxito gracias a ti.
—Muchas gracias —susurré chocando mi copa con las suyas— Espero que así sea...
Hacia solo un par de horas que había llegado de mi viaje y me había reunido con los antiguos dueños de la editorial para cerrar la compra.
Carol y Andrés me habían acompañado y como no tuve la intención de hacer pública esa inversión decidimos ir al club para celebrar la compra.
—¡Éxitos Sebas! —exclamó mi amigo y yo le sonreí con cariño— Más trabajo para tu nada ocupada vida jaja
—Es masoquista —aseguró Carol— Salud.
El brindis, cómo siempre, incluyó bromas y buenos deseos de mis amigos. Carol como de costumbre me hizo una idea de lo que debía hacer y eso incluía una reunión con los encargados de cada departamento.
No tenía idea del trabajo que se realiza en una editorial, ni todo lo que necesitaría invertir para sacar a delante esa empresa, pero Carol se había ofrecido a ayudarme y estaba más que agradecido de contar con su apoyo.
Andrés, como con la empresa que heredé de mis padres, se ocuparía de todo lo financiero y me haría un reporte para saber cuánto debía invertir.
—Lo bueno es que el inventario se hizo hace unos días —aseguró mi amiga— Creo que Andrés no tendrá problemas con los balances y yo hablaré con los diferentes jefes para que se reúnan contigo el lunes por la mañana.
—Gracias —fue todo lo que pude decir.
—Luces cansado —aseguró mi amigo.
Asentí y caminé hacia las cortinas que no habíamos abierto. Hice a un lado una de ellas y observé el club.
ESTÁS LEYENDO
Despertar
RomanceAmelia solía suspirar por esas historias románticas que caían en sus manos gracias a su trabajo en una editorial. Llena de sueños por cumplir, con solo 24 años solía imaginar la forma como conocería a su príncipe azul, un hombre honesto y fiel capaz...
