Capítulo 50

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Lo más ridículo es explicar cómo un hombre de 42 años con una facilidad envidiable para controlar sus impulsos no ha vacilado en subirse a un avión y cruzar el mundo apenas ha encontrado la oportunidad de hacerlo.

Fernanda se ha enfadado conmigo y me ha mandado a la mierda, dejando a Anto sola para hacer este viaje y yo, el cabrón más grande del mundo se ha dejado manipular por las insistencias de Andrés y aquí estoy... mirando como el escritor intenta que Amelia recupere la calma después de haberme visto frente a ella.

Pensé que se desmayaría al verte —susurra Anto también mirándolos— Mientras tu finges que no te ha afectado.

Anabelle, la nueva jefa de Amelia se acerca y nos invita a entrar al salón y aunque desearía quedarme mirándola un poco más, debo actuar con decencia y seguir a la mujer.

Nos lleva hasta la parte delantera del salón, justo frente a la mesa principal donde el escritor nos dirá de que se trata su nueva novela.

¿Les ofrezco algo de tomar? —Pregunta Ana cuando un mesero se detiene frente a nosotros.

Coca cola para mí —dice mi hija, y Ana toma uno de los vasos con burbujeando bebida—¿Incluye el limón? —pregunta mi hija sorprendida de tener una rodaja nadando en su bebida.

El escritor junto a Pilar y algunos fotógrafos entra al salón y yo olvido todo lo demás porque mi atención de nuevo se va a ella.

Está hermosa y ese puto bronceado que ha tomado junto al escritor le queda tan bien.

Deja de mirarla —me susurra mi hija.

Haz tu trabajo, cariño —le respondo levantándome de mi asiento— Yo haré el mío —Ana quiere ofrecerme alguna bebida y niego de inmediato— ¿Los servicios? —pregunto.

Saliendo del salón a la mano izquierda...

Le sonrío por la información y beso la mejilla de mi hija.

Camino hacia la salida y aunque quiero, me obligo a no mirarla porque él está con ella y me molesta verlos juntos.

Salgo del salón y camino hacia la salida del hotel para tomar un poco de aire y controlar todo lo que ella me hace sentir con solo estar frente a mí.

Me hubiera gustado verla de otro modo y no en el elevador, abrazada al escritor porque he vuelto a sentir que la he perdido.

Es una locura la manera como llegas a amar a alguien, esa desesperación que siente tu cuerpo y alma por abrazarla, por sentir una mirada o una sonrisa que te aseguren que aun te ama, cosas que no he recibido de ella y que está matándome.

¿Estás bien? —preguntan detrás de mí.

Cuando giro, Anabelle, la jefa de Amelia, me sonríe.

Hace un poco de calor —es la respuesta que le doy.

Ya —susurra ella acercándose— y supongo que eso sumado a estar frente a Amelia te ha afectado.

No le respondo y observo las calles de la ciudad.

Creo que debiste venir cuando te avisé del interés de Javier en Amelia —me dice.

De nuevo la miro y ella me sonríe.

La primera vez que hablé con ella fue aquel domingo cuando supe que Amelia había ganado el concurso, desde entonces nuestra comunicación ha sido continua porque la he necesitado para cuidar a Amelia cuando he estado tan lejos.

No me des otro regaño que he tenido muchos de esos todos estos meses —le pido— En este momento no lo necesito.

Perdona —susurra— Es que aun no entiendo —la miro y ella se encoge de hombros— Cuando me dijiste que tu novia había ganado el concurso... pensé que en tus planes estaba venir con ella o por lo menos continuar con tu relación a distancia, pero no fue así... y aun así has pasado un año entero ocupándote de ella.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora