Capítulo 38

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Augusto conducía con calma y yo solo estaba pensando en ella. En ese carácter que a simple vista nadie creería que tiene, en esos celos suyos que son capaces de crear historias que parecía sacadas de algún libro de terror. En esos ojos de niña triste que me miraron con amor por un segundo y de nuevo quise rodearla en mis brazos y prometerle que todo iba a estar bien.

¿Puedo decirte algo? —escuché decir a Fer, me alejé de mis pensamientos y giré hacia ella— Sebas, luce incluso más joven que Anto —sonreí ante su comentario— ¿Qué edad tiene?

Le acaricié el cabello con cariño y recordé cuando nació.

Andrés y yo estuvimos tan emocionados con su llegada. No teníamos hermanos así que me apoderé de ella y la amé de ese modo.

No deberías sufrir por ella —susurró con el ceño fruncido— Seguro que hay muchas que mueren por estar contigo...

Amaba su risa, sus juegos y siempre estábamos consintiéndola. Fernanda nació cuando Andrés y yo teníamos 15 años, la vimos crecer, pasar de ser un bebé a una niña y de niña a una adolescente rebelde. La quiero como quiero a mi hija, con esa misma fuerza, con ese mismo amor.

Te he echado de menos —le susurré, ella me giró los ojos— ¿No nos has extrañado?

Sebas, no me cambies el tema —se quejó, volví a sonreír— No me gusta verte sufrir...

No estoy sufriendo...

Fer tomó mi rostro entre sus manos y clavó sus verdes ojos en los míos.

¿Acaso no te han dicho que tú no sabes mentir? —y me hizo reír— Mi hermano se volvió un experto, pero tú no... veo la tristeza en tus ojos, Sebas...

Que hayas regresado me hace feliz —susurré tomando sus manos— extrañaba a mi hermanita celosa.

Tomé sus mejillas y las apreté, ella se quejó.

¡Sebas! Deja de hacer eso. —se quejó— tu hermanita celosa no está muy feliz con tu nueva conquista —otra vez giró los ojos— Encima está desnutrida...

Su comentario me arranco una carcajada y miré a Augusto por el retrovisor, el hombre también estaba sonriendo.

Es hermosa —susurré defendiendo a Amelia— Y creo que se llevaría bien contigo —ella levantó una ceja— Tienen gustos similares.

Lo dudo, a mí me gusta follar morenos.

Mi sonrisa desapareció cuando dijo eso, y ella por el contrario empezó a reírse de mí.

Oh creo que no extrañabas mi sinceridad jajaja

Augusto estacionó fuera de mi casa y abrió la puerta para ella. Fernanda le besó las mejillas y él hombre la miró amor.

Le di las gracias por llevarnos y le pedí que fuera donde Marcela por si lo necesitaba.

Eres el exmarido perfecto —susurró Fer al entrar a mi casa— Le das dinero, no jodes y encima le prestas al chofer... ¡Ay! Sebastián Becquer.

Ella es una exesposa agradable.

No lo voy a negar... ojalá mi hermano hubiera tenido la misma suerte que tú.

Abrí la puerta de mi casa y el aroma a comida me hizo sonreír.

Dejé mis cosas sobre la mesa y seguimos hasta la cocina donde Carol y Andrés están preparando la cena.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora