Capítulo 33

282 21 4
                                        

Crecí con la idea de que las personas debíamos respetar las normas impuestas por otros para ser consideradas como buenas y decentes.

Creí que, si amabas a alguien, debías limitarte a esa persona y no desear nadie más porque entonces... eso no era amor, pero llegas un punto donde eres capaz de saber lo que es bueno para ti, sin importar las normas y ese punto lo había cruzado con él.

Nunca en mis 24 años pensé que algo inapropiado me haría sentir de la forma como me había sentido con ellos. Jamás pensé que existía una diferencia entre el amor y el deseo, el sexo y los sentimientos, jamás pensé que podías separarlos y seguir siendo una buena persona.

Mi cuerpo había dejado de temblar después de esa descarga de placer que había sentido. Solo fueron unos minutos, ni siquiera necesitaron hacer demasiado, Sebastián ya conocía mi cuerpo, sabía cómo tenerme a sus pies, tenía el control de mi deseo, de mis fantasías, de la necesidad y el placer que sentía a su lado, pero saber que Andrés estaba mirándonos, deseándome... aumentó mi disfrute porque lo podía sentir, él me deseaba, pero permaneció quieto, solo observándonos y dejando que sea yo la que tomara la decisión.

Cruzar esa línea me asustaba, pensé que mi corazón enloquecería y terminaría enamorada de ambos, aun siento ese temor. Mi corazón sigue latiendo con fuerza por Sebastián y aunque los besos exigentes y profundos de Andrés haya sido la razón de tan maravillosa experiencia, el amor que siento por Sebastián sigue siendo claro y real, hoy más que nunca sé que le pertenezco por completo.

Estaba abrazada a Sebastián mientras recuperaba la fuerza. Sabía que el elevador estaba moviéndose, pero las manos de Andrés acomodaron mi vestido antes de alejarse de mí y dejar que Sebastián se haga cargo de mí.

¿Estás bien? —susurró Sebastián besando mi rostro aun oculto en su cuello, yo solo me limité a asentir.

El sonido del elevador antes de detenerse me obligó a alejarme de él y tuve que darle la cara a su amigo quien al verme solo me guiña el ojo y sonrió logrando que el recuerdo de su boca apoderándose de la mía de nuevo me perturbara.

Al abrirse el elevador había dos personas de mantenimiento y varios otras usando trajes. Yo bajé la mirada avergonzada ante el recuerdo de lo sucedido.

Ingeniero Becquer —saludó uno de los hombres con mamelucos grises— Hubo un desperfecto en el elevador, ¿está usted bien?

Sí, gracias, Carlos —respondió Sebastián tomando mi mano— No sé qué sucedió, se detuvo por unos minutos...

No se preocupe, ingeniero —respondió el hombre haciéndose a un lado para dejarnos salir— Lo revisaremos antes de volver a usarse...

Es lo mejor —respondió Sebastián— Buen día...

Los tres caminamos hacia el estacionamiento, yo sintiéndome avergonzada de lo sucedido.

Cuando revisen las cámaras de seguridad... —susurró Andrés— Sabrán cual fue el desperfecto.

Me detuve apenas lo dijo y miré a Sebastián asustada, Andrés empezó a reírse.

No hay cámaras —aseguró mi novio con total tranquilidad, Andrés se rio con más fuerza y yo le regalé una de mis peores miradas— Solo intenta molestarte...

¿Sabes que te ves sexy cuando te enfadas? —me preguntó el descarado de Andrés logrando que mi mala cara empeorara— Solo fue una broma...

Le giré los ojos y continué caminando hasta llegar al lugar donde estacioné mi auto. Ambos lucieron sorprendidos cuando le quito la alarma, pero Sebastián sonrió cuando lo vio y supongo que fue a causa del recuerdo de la última vez que lo usé.

DespertarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora