Capítulo 25🔥

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Pamela y yo entramos en el club nocturno donde Raúl estaba esperándonos. El ruido era ensordecedor y las personas se amontonaban en la barra para pedir sus bebidas.

¿Crees que Sebastián esté feliz de saberte aquí? —preguntó mi amiga.

No se lo preguntaré —respondí.

Busqué con la mirada el lugar donde mis amigos del trabajo se habían reunido para celebrar los 27 años de Raúl.

No es su culpa que Antonieta actué de ese modo —dijo Pamela levantando la mano, yo miré en la dirección que saluda y Raúl esbozó una gran sonrisa al verme— Ambas actúan como unas niñas tontas.

¡Gracias!

De nada —respondió con visible molestia mientras caminábamos hacia donde estaban reunidos— ten cuidado —susurró cuando estuvimos cerca, yo la miré sin entender y ella se detuvo a escasos metros de Raúl y me miró— Sebastián no es como Raúl que podría lamer el piso por el que pasas, es un hombre mayor y puede que su paciencia no sea interminable.

¿Por qué creo que estás de su lado más que del mío?

Porque no estoy del tuyo —respondió sin problemas— ya te dije que salir corriendo cada vez que te enfadas con él no es la actitud que debes tomar en una discusión...

Raúl apareció y se acercó a mí, me besó la mejilla y me presionó a su cuerpo con demasiada felicidad. Pamela giró los ojos.

¡Viniste! —exclamó él sonriéndome, le devolví el gesto y extendí el regalo que había llevado para él— Oh hermosa, contigo aquí ya es suficiente, no hubieras comprado un obsequio...

No ha sido nada —susurré.

Raúl giró hacia mi amiga y le besó la mejilla, luego volvió su atención a mí. Me tomó de la cintura y me guio hasta la mesa donde los compañeros de trabajo esperaban. Me tomé el tiempo de saludar a cada uno y me senté junto a Raúl, pues es el lugar que había reservado para mí.

Todos parecían tan felices y yo seguía sintiéndome molesta y triste después de la discusión que tuve con Sebastián.

Mi teléfono volvió a vibrar con otra llamada de él y como había hecho en todo el día, decidí ignorarlo.

Pamela negó con mala cara y más pronto de lo que esperé recibo un mensaje y como era corto puedo leerlo sin abrirlo.

¿Estoy afuera, puedo subir?

Pamela tomó el teléfono y lo dejó sobre mi mano.

Si no quieres que te traten como una niña, no actúes como una.

A regañadientes me puse de pie y caminé a un lado del lugar mientras marcaba su número. Creo que timbró una vez y la llama se activó.

¿Amelia? —susurró Sebastián, mi corazón se aceleró.

No estoy en casa —fue todo lo que dije, él hizo silencio por un tiempo más largo del necesario— Hablamos mañana...

¿Dónde estás? —preguntó, continué en silencio sin ganas de responderle— ¿Amelia?

Es cumpleaños de Raúl, he salido con él...

Fui perversa al no aclarar que no estamos solos, pero después de dos vasos de cerveza me sentía con la valentía de joder su paciencia y hacerle pagar por lo mal que me había sentido en todo el día.

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