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Mayo, 20


La luz blanca incrustada en el techo del mismo color da de lleno en mi rostro. Mi corazón bombea con rapidez, pero no me inmuto, desde hace dos días ese es su ritmo normal. Los nervios y el miedo diario, se han vuelto parte de mí.

Desde esa noche hace dos días, cuando tuve que pedirle a Tris que se regresara solo a la ciudad, y luego tuve que subirme en compañía de Amelie al auto de Damián, casi no he podido sacarmelo de encima. En lo absoluto le importa lo que quiero, como me siento o simplemente el hecho de que ahora repudio su cercanía, en que ahora lo ansió lejos de la misma forma en la que antes lo ansiaba cerca.

El apartamento desde estonces pasó de ser el hogar dónde hace tan solo tres días atrás vivían solo una pareja y su hija, y hora Amelie había decidido quedarse a hacerme compañía junto a Noah, pues Damián no daba su brazo a torcer y por más que lo rechazaba, despreciaba e ignoraba, siempre estaba allí, nunca se iba.

Ahora mirarlo, saberlo cerca sólo me provocaba dolor, un gran dolor que en segundos se convertía en rechazo, en furia... En llanto.

Hansel, también iba al apartamento, le hacía compañía a Damián, puesto que este sólo despertaba para instalarse en la sala de estar con una computadora, miles de documentos y un celular que sonaba cada dos segundos.

El trabajo parecía estar ahogandolo, pero aún así él no se marchaba a la oficina, no salía de la casa nunca, porqué temía que trás él, yo también lo hiciese. El primer piso del departamento parecía haberse convertido en su refugio, dormía en una de las habitaciones de allí. Mientras yo evitaba salir de la habitación para no tener que verlo jamás, y su lugar en nuestra cama había estado siendo ocupado por Amelie, para evitar de esta manera que decidiera acercarse en la madrugada, pesé a que ahora la puerta de la habitación se mantenía bajo llave a todo hora.

Nuevamente estaba siendo privada de mi libertad, nuevamente esto era a causa suya.

Hansel y Damián, pasaron de ser nuestros esposos a ser una especie de enemigos a los cuales debíamos evitar a toda costa. Y es que sí mi matrimonio se estaba yendo por el caño, el de Lie y Hansel iba tras él. Al igual que yo con Damián, ella no le dirigía la palabra a su esposo, Hansel estaba en casa durante todo el día hasta que el reloj marcaba casi media noche y él decidía irse al apartamento que Amelie había abandonado por estar conmigo. Los niños intuían que algo no estaba bien, y es que en toda la casa el ambiente pesado y sofocador era palpable, en un par de ocasiones ambos preguntaron que porqué no íbamos a jugar con ellos a la sala de estar dónde estaban sus padres, ninguna supimos que responderles y ellos sólo no preguntaron más.

Encerrados en su burbuja, la mayor parte del tiempo sólo podían sentirse feliz por el hecho de que podían jugar con sus padres y madres cuando quisiesen, pese a que estos juegos tenían que ser por separados.

Mi plan principal no ha cambiado en lo absoluto, escaparé, me iré. Y talvez no sea hoy, puede que tampoco mañana, pero me iré.

A mi mente viene Camerón, mi amigo, él fué la primera persona en la que pensé acudir cuando pensé que el mundo se me caía encima, pensé en hablarle, en decirle lo que estaba pasando, en contarle detalle a detalle, que me iría y que posiblemente también debía despedirme de él de por vida.

Pero me retracté, lo hice por vergüenza quizás; no quería que sientiera lástima, no quería que por lo enojado que se pondría se enfrentara a Damián, no quería qué al volverlo a ver, sus ojos me dijeran  que siempre tuvo razón, que Damián no era bueno, y que de una u otra manera, siempre sí jugó conmigo.

No quise decírselo, quise callarme y posiblemente una vez que estuviera muy lejos de todo, escribirle y decirle que me perdonara por haber puesto toda mi fé en el hombre que me secuestró, y dejar de lado cada palabra y cada consejo que él me dió y yo sólo supe rechazar.

Mil pedazos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora