Damián.
Los latidos de mi corazón ensordecen mis sentidos, mi garganta está seca, no me da tregua ni siquiera para pasar un poco de saliva. Mis ojos pican, arden, mi estómago se contraé dejándome la sensación de tener en el un enorme vacío.
No escucho, ni siquiera puedo mirar con claridad a la gente que camina, corre, gritan y lloran por el área de emergencias. Mi cuerpo actúa por inercia, soy yo y al mismo tiempo no lo soy.
Hansel camina a unos pasos de mí, sus pasos son rápidos, casi está corriendo y yo lo sigo de la misma forma con tres guardias a mis espaldas.
Amelie lo llamó, solicito su presencia y no dude en seguirlo, los guardias aprovecharon mi inmutismo y se subieron a mi auto, totalmente decididos a pasar por sobre mí sí les pedía que se bajaran. Pero no estaba para perder tiempo, y heme aquí, con ellos pisandome los talones.
Estoy aturdido, mis oídos suban y no tengo idea de qué es lo que está pasando, «¡Las mataste!» su acusación no para de dar vueltas por mi cabeza, y la sola idea de que algo pudo pasarle me desquicia.
¿Qué sucedió?
¿Qué carajos está pasando?
Los pasillos quedan atrás cuando salimos del último y una sala de espera se cierne ante nosotros, no hay muchas personas, quizás sólo son tres entre ellas Amelie, quién detiene su desesperado andar cuando ve a su esposo y se lanza sobre él, escondiendo su cara en el pecho de Hansel. Su llanto se hace más fuerte, los sollozos están cargados de dolor, del más latente y puro dolor.
Miro por todos lados buscándola a ella, debe estar aquí. Tiene que ser mentira. No está muerta, no puede estar muerta.
Nadie más que las dos personas al otro lado de la sala aparecen en mi campo de visión. El llanto y sollozo de Amelie causa estragos, y sin importarme una mierda nada, me aproximo a ella y tiro de su brazo liberandola de los de su marido.
Sus ojos azules, rojizos y cubiertos en su totalidad por lágrimas que no paran de mojar sus mejillas, me enfocan por unos segundos antes de voltearme la cara con una cachetada que impactan en seco con mi mejilla ya lastimada.
—¡Es tu culpa!— grita desgarrándose la garganta. Pero no se conforma con la cachetada, y presa de la ira acorta la poca distancia y bombardea mi pecho con puños inexpertos, fuertes y desesperados.— ¡Todo esto es tu maldita culpa!— se quiebra y antes de que sus rodillas toquen el piso Hansel viene por ella.
La toma entre sus brazos mientras ella sigue llorando, echándome la culpa de lo que ha pasado una y otra vez. Me quedo parado en mi lugar, mientras Hansel la aleja hasta sentarse con ella lo más lejos que puede.
¿Qué mierda está pasando?
No sé qué sucede, que tan cierto es lo que dicen y me rehuso a quedarme aquí a esperar que alguien quiera darme una respuesta. Me rehuso a no verla, hasta no mirarla con mis propios ojos no aceptaré lo que dicen.
Ella no puede estar muerta.
No soportaría eso. Me niego a eso.
Escaneo el lugar dando una vuelta sin salir de mi eje. El corazón me martilla en el pecho y no sólo puedo sentirlo, sí no también oírlo.
La puerta doble de madera y con un cartel que aclara que sólo el personal autorizado puede entrar, abarca toda mi atención; no dudo un solo segundo caminar hacia allí.
Los guardias me siguen, escucho sus pasos y llamados detrás de mí, una vez que cruzo las puertas.
Un largo pasillo blanco se extiende ante mí y no sé a dónde carajos ir. ¿Dónde está?
ESTÁS LEYENDO
Mil pedazos.
RandomPromesas sin cumplir. Un profundo vacío. Un amor obligado a terminar. Lágrimas de dolor. Una hija por quién seguir. Y el alma en mil pedazos. Eso fué lo qué Damián dejó a Ámbar en el momento exacto en que su corazón dejó de latir. Él llegó a ella pa...
