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Estoy retrasada, muy retrasada. Estuve en el
apartamento con Tristán por poco más de hora y media, y atrapada en el tráfico mucho más tiempo del que debía. Ahora las agujas del reloj estaban casi sobre las once de la mañana. En mi celular seguían un montón de llamadas perdidas de Damián y Hansel, las cuales evite responder porque sabía que lo único que iban a hacer era apresurarme como sí tuviera el poder de controlar el tiempo.

Tan pronto llegué a los juzgados pedí información sobre Damián y su abogado, sólo bastó un par de descripciones para que las señoritas me dijeran lo que quería. Justo ahora estoy casi corriendo hacia dónde me dijeron que estaba. El lugar estaba abarrotado de policías, gente que por sus trajes han de ser abogados, fiscales, etc, y por supuesto, también hay una gran cantidad de civiles.

Unos vienen esposados o custodiado por policías o guardias de corte, otros sólo parecen sumidos en sus preocupaciones, mientras que otros se pasean por el pasillo con semblante serios y agitados, casi ninguno parece una loca retrasada a punto de echarse a correr por un pasillo abarrotado de personas.

Con una mano quito el cabello que se interpone en mi cara y con la otra sostengo mi bolso. El segundo pasillo a la derecha qué una de las chicas me dijo que debía tomar para llegar a la oficina del juez, aparece en mi campo de visión y no tardó mucho en llegar y cruzar sin fijarme.

Y gracias a mi nula atención, choco abruptamente con un cuerpo alto, grande y fuerte, pues el impacto a mí me hace rebotar a tal punto qué de no ser por el hombre que hizo de pared humana, en este momento estaría sentada sobre el sucio suelo del edificio, él sin embargo ni siquiera pareció sorprenderse, no se movió para hacer otra cosa más qué rodear mi cintura con un brazo para evitar que cayera.

—Lo siento. Lo siento.— balbuceo rápidamente, levantando la mirada para encontrarme con un hombre alto, de cabello negro y ojos amielados.

Él me sonríe y ladea la cabeza antes de levantar una ceja y hacer su sonrisa más grande pero mostrando ahora una perfecta hilera de dientes superiores muy blancos. Por la sonrisa que esboza sus mejillas cubiertas por una perfecta barba de pocos días, se inflan haciéndolo lucir tierno de una manera muy masculina.

—Ámbar Webster.— pronuncia saboreando cada letra de mi nombre con cierta coquetería y ¿Malicia?— Vaya, eres mucho más hermosa en persona.— añade paseando sus claros ojos por toda mi cara, sin perder la sonrisa anonadada que trae.

—¿Disculpa...?

—¡Ámbar!— el grito proveniente de algún lado no tan lejos de nosotros, me hace sobresaltar aún en los brazos del pelinegro que no parece querer dejarme libre.

Con la mirada busco al portador de la voz dura y en este momento muy enojada, lo encuentro del otro lado del pasillo y a unos cuatro o cinco metros detrás de nosotros. Hansel está a su lado y trata de tomar su brazo pero de un tirón el rubio se libera y empieza a caminar hacia aquí empujando a todos los que se cruzan en su camino, mientras él se acerca trato de separarme del cuerpo del hombre que me sostiene, pero este se rehúsa a dejarme ir. Puedo ver a Hansel empezar a seguir a su amigo y de una puerta muy cercana a dónde estaban ellos, sale Iván Parker con un maletín.

El abogado al darse cuenta de lo que está sucediendo, cambia el rostro relajado y abre los ojos muy grande antes de empezar a correr hacia nosotros.

Pero como era previsto, Damián consumido por la ira, llega primero que cualquiera a nosotros, con sus manos me separa del cuerpo del pelinegro y me pone detrás de él, de manera que él queda en medio del hombre y yo. Trato de salir de detrás suyo, pero con una mano me devuelve a mi lugar así que sólo me limito a observar por un lado de él, lo que está sucediendo.

Mil pedazos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora