Abril, 27
Estaciono el auto frente a la cafetería, tomo mi bolsa, mi celular nuevo de hace tres días, retiro las llaves del auto, abro, salgo y cierro. Son las cinco de la tarde por lo que el sol ya es bastante opaco y pronto el cielo va a oscurecer. Suelto un suspiro y un poco nerviosa empiezo a caminar hacia la entrada de la cafetería que más he visitado en los últimos cuatro años, pues es la que está más cerca de la oficina.
Y sí, regresé a la empresa al día siguiente después de haber “Renunciado” era justo esa la razón por la que Damián había estado sonriéndome sin razón alguna aquél día. Sus sonrisitas estúpidas se debían a qué efectivamente quería pedirme algo; los italianos se habían rehusado a seguir con el negocio sí yo ya no estaba en él, por lo qué el rubio se vió en la obligación de convencerlos a quedarse, afirmando que yo regresaría. Me pidió regresar a la empresa mientras comíamos en mi apartamento y aunque estuve tentada a mandarlo a la mierda, acepté.
Lo hice, pero no sin antes poner mis condiciones, y en resumen; ahora el setenta y cinco porciento de la transnacional me pertenece a mí, él no tuvo otra opción que quedarse con el veinticinco restante. Se podía decir que ahora la jefa de él, era yo.
Entro a la cafetería y enseguida el olor a café llega a mi nariz, repaso con mis ojos el lugar hasta que visualizo a Tristán en una de las mesas del fondo. Él alza una mano y la mueve de un lado a otro para asegurarse de llamar mi atención, sonrío forzadamente y empiezo a caminar hacia él.
Desde que Damián contestó su llamada para luego tirar mi celular en la autopista, no volví a saber del castaño. Intenté llamarlo pero nunca respondió, inclusive llamé también a su casa y sólo recibí respuesta de una de sus empleadas, diciéndome que él estaría fuera de la ciudad por unos días. Realmente pensé que se había enojado y por ello me estaba evitando, debido a eso dejé de insistir en hablar con él, pero hace un par de horas recibí un mensaje de su parte, diciéndome que nos encontraríamos aquí a las cinco de la tarde.
Sinceramente pensé que me encontraría con un rostro serio e implacable, pero no fué así. Tristán me miraba atentamente mientras me acercaba, y en sus labios gruesos, una débil sonrisa se dibujaba.
—Hola— susurro cuando llego a la mesa. Él hace ademán de levantarse para venir a sacar mi silla, pero lo detengo con una seña.
Me siento frente a él y dejo mi bolso en la silla continúa a la mía. Pongo mis codos sobre la mesa y entrelazo mis dedos para luego dejar caer mi barbilla sobre ellos y de esta forma mirar atentamente a Tristán.
—He pedido tu café favorito,— sonrío en agradecimiento.— en unos minutos lo traen.
—Te llamé después de lo sucedido el lunes.— digo después de asentir en respuesta por lo que dijo.
Desvía sus ojos de los míos y frunzo mis cejas.
—Si... Ah... Yo...— fijo mis ojos más en él y me mantengo seria.— Estuve muy ocupado.— dice finalmente y relamo mis labios mientras asiento débilmente.
Un chico con el uniforme de la cafetería se acerca y deja un vaso térmico de café, frente a mí, le sonrío y agradezco antes de que él regresé sobre sus pies.
—También llamé a tu casa,— le hago saber mientras tomo el vaso y lo dirijo a mis labios. Analizo atentamente sus gestos y movimientos, y no sé sí estoy equivocada o no, pero luce ¿Nervioso?— Tu empleada dijo que saliste de la ciudad.
Él mira mis ojos unos segundos y realmente parece descolocado, y no sé que pensar al respecto, pues nunca antes o por lo menos yo nunca lo ví comportarse de esta manera. Bebe de su café y mi mirada se vuelve más penetrante, esto con el único fin de hacerlo sentir más incómodo y que me dé una pista de por qué está nervioso.
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Mil pedazos.
RandomPromesas sin cumplir. Un profundo vacío. Un amor obligado a terminar. Lágrimas de dolor. Una hija por quién seguir. Y el alma en mil pedazos. Eso fué lo qué Damián dejó a Ámbar en el momento exacto en que su corazón dejó de latir. Él llegó a ella pa...
