08/2
Cuando Damián me vió acercarme a la piscina hizo una mueca de desagrado en mi dirección y me contuve de hacerle una peor porqué justo entonces Mía puso sus ojos sobre los míos y pidió a su padre que la dejara fuera de la piscina para luego venir a mí. Corrió hasta verse rodeada entre mis brazos y entre risas felices empezó a besar mi rostro mientras me decía entre palabras rápidas y casi indescifrables lo divertido que era su padre.
Sólo con ella era divertido...
Mi niña estaba feliz, encantada de estar con él, de saberlo cerca y no perdido, tenía tanto miedo a que su papá volviera a desaparecer que cuando Damián tuvo que salir de la casa se puso a llorar desconsoladamente, se aferro al cuello de su padre mientras lloraba y le pedía que no se marchara, que se quedara con ella porqué no quería que volviera a perderse.
Damián se vió obligado a consentir los deseos de su hija, por lo qué retraso su salida hasta que la niña estuvo completamente dormida y él pudo marcharse tranquilamente junto a Hansel. De eso ya había pasado un par de horas, habían dicho que solo irían a la ciudad por trabajo, pues según las palabras del rubio; también tenía negocios dependientes y legales de esté lado del mundo.
Mía aún seguía dormida en la habitación estilo princesa que su padre había mandado a decorar para ella, el lugar era muy bonito y exagerado por supuesto, sí no, no tendría la firma de Damián, pero a su hija le encantaba en su totalidad, y es que era precioso, la habitación de ensueño que cualquier niña de su edad desearía tener.
Por otro lado yo había aprovechado el día para llamar a mi secretaria y decirle que suspendiera mis deberes hasta el lunes de la próxima semana. Llamé a Lie, ella aún no sabía nada porqué Hansel esperaría encontrarse con ella para decirle en persona lo sucedido, tenía entendido que en lugar de ir a España, se iría directamente a Seattle para hablar con ella.
Por lo qué cuando preguntó dónde estaba y porqué no había llevado a Mía al colegio, sólo pude desvíar la conversación. Después que Hansel hablara con ella le pediría que por favor hablara con las tutoras para avisar de la ausencia de Mía en el colegio.
Había otro tema que le quitaba la calma tanto como a mí, por ello era que no se había enfocado en el tema de mi paradero.
La hora estaba sobre las tres de la tarde y ya no tenía nada más que hacer, ya había hablado, con Lie, Carmen y Camerón, mi bebé aún no despertaba, la piscina la había dejado bastante cansada. Había pedido a una de las empleadas que me preparara una bebida para el calor, por lo qué ahora en mi mano yacía un vaso de cristal con lo que parecía agua de limón pero también podía sentir el sabor a alcohol en él.
Ni idea de lo que era, pero estaba buenísimo.
Doy un trago mientras tomo uno de los mil pasillos, rumbo al recibidor. La cara seria de Hansel viene a mi mente y me da un poco de risa, se sorprendió mucho cuando le mostré mis cartas, creyó que me había ganado, el idiota. Dejé que ganara sólo para que fuera él quien explicaras las cosas a Lie, porqué por más que estuviera enojada lo quería y no quería ocasionar problemas en su relación, y sí le mostré mis cartas ocultas, fué para dejarlo justo como lo dejé, para enseñarle que podía jugar igual de bien que ellos.
Bebo otro sorbo de mi vaso justo cuando entro en el recibidor, instintivamente miro la pared frente a la puerta, en la mañana cuando estuve sola aquí ni siquiera me dí cuenta de eso, no fué hasta que Damián tuvo que irse y Mía empezó a hacer su berriche, qué miré un cuadro enorme dónde se dibujaba el delicado y angélical rostro de mi bebé, la imagen era de una fotografía que había tomado yo misma hace quizás un año, pero quizás Hansel se la hizo llegar y la bestia mando a grabar en lienzo y con colores blanco y negro, la cara de su bebé.
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Mil pedazos.
De TodoPromesas sin cumplir. Un profundo vacío. Un amor obligado a terminar. Lágrimas de dolor. Una hija por quién seguir. Y el alma en mil pedazos. Eso fué lo qué Damián dejó a Ámbar en el momento exacto en que su corazón dejó de latir. Él llegó a ella pa...
