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Cuelgo y silencio el celular disimuladamente, sin girarme. Me cruzo de brazos con el corazón latiendome a un millón por segundo, mientras me obligo a mantenerme quieta en mi lugar. Como sí nada pasara y sólo fuera una mujer que espera a que la lluvia cese para marcharse.

A través de las puertas de cristal, puedo verla, está a una distancia de cinco metros aproximadamente. Entabla conversación con cuánta persona le pasa por el frente, pero sus ojos voltean en mi dirección cada dos segundos.

Los nervios que se habían aplacado al saber a mi hija fuera de la jaula de oro que su padre había construido a su alredor, florecieron al ver a la mujer a mis espaldas.

En mi cabeza parere que el cerebro se ha marchando y dejado en su lugar una bola de estambre totalmente enredada. Y es que no sé porqué esta aquí, no sé sí me ha seguido para comprobar que espero un hijo, o porque sabe que estoy por marcharme con mi hija y planea aplastar mi huída llamándole a su adoración encarnada.

No tengo ni la menor idea de cómo proceder ¿Que hay sí al encararla termino arruinando uno de los dos secretos? ¿Que hay sí está aquí porque quiere salir de dudas respecto a mi embarazo y yo termino diciéndole también que estoy por irme? ¿Que hay sí viene porque sabe que me voy y al final termino aclarandole también que efectivamente espero un segundo hijo de Damián?

Suelto aire y me obligo a apaciguar el estrés. Tengo que encararla, dejarla hablar y de esta manera intentar predecir que tanto sabe. No voy a arriesgarme, la parte más difícil está hecha y justo ahora mi hija está lejos del monitoreo excesivo de su padre. No voy a dejar que está mujer arruine lo que tanto me ha costado conseguir.

Sin más y de la nada me giro hasta quedar de frente al pasillo dónde está, pero casi de inmediato ella se introduce al pasillo a su izquierda evitando que la mire, pero ha sido muy tarde. Me encamino a grandes zancadas pasando al lado de las enfermeras que dejó con la palabra en la boca y las cuales emprenden marcha con el ceño fruncido.

Con los brazos cruzados y mostrándome enojada, me paro con la espalda erguida y la cabeza en alto frente a ella. La anciana mujer me mira avergonzada, de hecho no es capaz de sostenerme la mirada, por lo que simplemente baja sus ojos al piso y juega con sus dedos cruzados adelante.

—¿Qué haces aquí?— increpo con seriedad.

—Ámbar...— balbucea.— No es justo.— murmura atreviéndose a mirarme.— Sabes perfecto porque estoy aquí, te ví entrar al consultorio de la obstetra. Ya no hay porque seguir mintiendo.— se echa al agua sin reparo alguno.— Estás esperando un hijo de Damián, y debes decírselo.

Lo último que dice parece más una ordén que cualquier otra cosa. Pero la ignoro y me mantengo firme en mi lugar, estudiando sus facciones y su mirada, intentado descubrir de esta forma que no sabe nada más. Que ignora mis planes de fuga, que no tiene la más mínima idea de que en este momento ese plan se está llevando acabo.

Y todo parece indicar que no, que está aquí únicamente por mi embarazo, que vino a salir de dudas y que gracias a mi poca atención, lo ha conseguido. Ya no tiene dudas.

Es malo, sí. Pero justo ahora es el menor de los problemas, pues, sólo debo persuadirla e intentar que no le diga nada al rubio, hasta que yo ya no esté pisando esta ciudad.

—Si no lo hago yo, se lo dirás tú de todas formas ¿No?— asiente sin vacilación alguna. Está en sus genes, en su instinto sobreprotector de madre cegada por el amor que le tiene a ese hombre.— No lo dudo...— río con amargura mientras niego.

Me es imposible no sentir un pinchazo en el pecho; esta mujer significó o quizás sigue significando mucho en mi vida. Estuvo conmigo en todo momento en los últimos años, y quizás de no ser por ella, me hubiese vuelto totalmente loca, mientras me hacía cargo de una bebé, centenares de empresas, estudios y casa, me ayudó una enormidad, y sí, le guardo un inmenso cariño y respeto. Es por eso, que su traición duele, que aún después de lo ocurrido siga defendiendo a capa y espada a Damián, aún cuando muy dentro de ella sabe perfectamente que todo lo que él está haciendo esta mal.

Mil pedazos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora