—¡Es un grandísimo hijo de perra! — grito enojada, apretando fuertemente el volante en mis manos y con los ojos fijos en el auto del frente—¡¿Puedes creerlo, Amelie?!—la escucho balbucear algo del otro lado de la línea.— ¡Me dijo que ahora era mi jefe y debía obedecerlo! ¡Y qué había cometido un gran error por confiarme la maldita empresa que yo dirigí durante cuatro malditos años!— me presiono el pecho con el índice.—¡Es un verdadero malagradecido! ¡Un egoísta! ¡Patán! ¡Loco! Y... Y maldición como quisiera darle una paliza con un bat en este mismo instante.
Detengo el auto en un semáforo y dejo caer mi frente sobre el volante, suelto aire con frustración y mantengo mis ojos cerrados para apaciguar la ira que aún recorre mi sangre.
—Y se lo merece, Ám.—su siempre dulce y calmada voz, resuena por todo el vehículo, ya que tengo el celular conectado al auto.— Se merece cada cosa que quieras hacerle.—asiento dándole toda la razón.— Pero en serio creo que ya deben parar, ya no son los mismos que cinco años atrás, y deben comportarse como los adultos que son y no como adolescentes dolidos por una ruptura, ¿Comprendes?—el claxon del auto trás de mí, hizo que me sobresaltara.
—Comprendo, Amelie.— digo a desgana y poniendo nuevamente el auto en marcha.— Pero te juro que es difícil, entablar una conversación con Damián se ha vuelto una verdadera agonía; no entiende razones, no se molesta por ser amable o por lo menos cordial. En su mundo todos los que no sean él, están mal de la cabeza y nadie más que él tiene razón en lo que dice.
Ella suelta un suspiro e inevitablemente yo también lo hago.
—Puedo suponerlo, nena, pero nadie más que tú puede ponerlo en su lugar.— hago una mueca y niego.—Háblale y hazle saber que ahora Mía está en medio de ambos, qué no es sano para ella, para tí y ni siquiera para él, que sigan adelante con su interminable guerra por ver quién le gana a quién.
—Yo...
—Damián llamó a Hansel tan pronto saliste de la empresa,—me dice calmadamente.— le comentó sobre la discusión y tu renuncia.— ríe un poco y yo también lo hago.— Le dijo también algo sobre unos documentos importantes...
-—Los documento que salvarían el convenio con los italianos,— digo algo arrepentida de haberlos tirados y dejarlos a cargo de un imbécil que de seguro moriría de hambre sin una nana.— Estuve toda la maldita semana trabajando en ellos, en por lo menos recuperar el mejor de todos los contratos perdidos por su culpa, — niego y suelto un suspiro, mientras giro el volante a la izquierda.— pero me enojó tanto su actitud, que en ese momento me importaron muy poco.— estaciono el auto frente al edificio estudiantil y me quedo mirando la entrada desde mi lugar.—De verdad espero qué haya usado la cabeza por primera vez desde que volvió, y haya preguntado a mi secretaria para qué eran. Sería una verdadera lástima perder ese negocio por una de nuestras malditas peleas.
—Habías estado trabajando en ellos desde hace un tiempo.—comenta y asiento con la vista perdida. Suelto un gran suspiro y echo mi cabeza hacia atrás, mientras la comisura derecho de mis labios se curva hacia abajo.—Le comentaste a Hansel algo sobre ese negocio ¿No es así?—susurro un débil “Si” —Entonces esperemos que hayan logrado algo y no todo esté perdido. Hansel fué con él desde hace un rato.— Saber eso en definitiva me relajaba, Hansel podía ser un imbécil con genes de payaso, pero era muy bueno para negociar, y durante muchas de nuestras charlas triviales, yo le había dado algo de información respecto al contrato con los italianos.— Pero en fin.— continúa.—He estado esperando tu llamada desde hace un buen rato, ¿Por qué esperaste hasta ahora?
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Mil pedazos.
RandomPromesas sin cumplir. Un profundo vacío. Un amor obligado a terminar. Lágrimas de dolor. Una hija por quién seguir. Y el alma en mil pedazos. Eso fué lo qué Damián dejó a Ámbar en el momento exacto en que su corazón dejó de latir. Él llegó a ella pa...
