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Abril, 28.

Lentamente la somnolencia abandona mi cuerpo, mis ojos dejan de pesar y los abro de a poco. Pestañeo un par de veces para acostumbrarme a la nueva claridad que llena la habitación de mi hija. Mi cuerpo está aplastado por el de mis dos acompañantes que duermen de una muy terrible manera.

No me sorprendo en absoluto al ver la cabellera rubia de Damián sobre mi pecho, pues vagamente y sin mucha claridad, recuerdo qué fuí yo misma quién le pidió acostarse a mi lado y aunque no lo hizo de inmediato, estaba muy segura que lo haría, aunque no recuerdo haberlo visto acostarse en la cama y mucho menos sobre mí, de hecho no recuerdo nada más después de pedirle que se acostara junto a mí.

Con un poco de dificultad logro sacar mi adolorido brazo de debajo del cuerpo de la bestia, y después de hacer unos leves movimientos en él, lo estiro hacia la mesita de noche del lado derecho de la cama para tomar mi teléfono, y aunque me cuesta alcanzarlo, finalmente lo tomo entre mis dedos y enciendo la pantalla para mirar la hora.

—Carajo.— susurro intentando levantarme al ver que casi son las once de la mañana. Los cuerpos de Mía y Damián sobre el mío me impiden levantarme con la facilidad que deseo, por lo que me veo en la obligación de sacudir levemente el cuerpo de el hombre para que despierte.— Damián, despierta.— hace un sonido raro que sale de su garganta, pero ni siquiera abre un ojo.— Damián, debo irme. Tengo menos de una hora para llegar a tiempo.— con mi brazo izquierdo atrapado bajo la cabeza de Mía, la opción de empujarlo se hace más difícil.— Maldición, levántate.— susurro exasperada y pellizcando con fuerza la mejilla que no descansa sobre mi pecho.

Gruñe con molestia pero finalmente y con mucha pereza, se mueve hasta que deja de estar prácticamente sobre mí, y su espalda queda sobre el colchón. Aún en esa posición su cuerpo permanece a menos de cinco centímetros lejos de mí, y sólo me hace falta girar la cabeza hacia la izquierda para visualizar su perfecto perfil de facciones duras y maduras, una barba dorada de apenas unos días, los labios rojos e hinchados unidos en una línea recta, la nariz recta, fina y puntiaguda, las pestañas más largas que las mías le caen con delicadeza sobre sus pómulos, y sus cejas se mantienen fruncidas por el hecho de haberlo despertado.

Puede ser un maldito en todo su explendor pero he de admitir que el hijo de puta es una verdadera belleza.

Me reprendo mentalmente ante lo pensado, para luego girar mi cabeza hacia mi otro lado y encontrarme con el mismo rostro en versión femenina. Mi nena aún duerme profundamente, pero tratandose de ella, la tarea de moverla lejos de mí es muchísimo más fácil. Sólo debo moverla con cuidado y salir exitosamente sin despertarla, y eso lo hago de inmediato. Una vez libre de estos dos, me incorporo en mi lugar hasta sentarme en medio de los dos rubios.

Me estiro un poco hasta que las extremidades entumecidas por el peso que han soportado durante largas horas, dejan de ser un problema. Al salir de la cama paso por encima de Damián, logrando así que él abra los adormilados cielos que posee y me mire con profundidad. Le sonrío con burla y aún encima suyo vuelvo a estirarme hasta tomar mi celular de la mesita y finalmente me bajo de él.

Bajo mis pies, el frío piso de mármol me hace estremecer, por lo que de puntillas y apresurada me dirijo a dónde están tirados mis zapatos. Cuando llego a ellos me los calzo de inmediato, y así prosigo a buscar mi bolso qué está en la pierna de un enorme oso blanco. Al sostener mi bolso, meto en él cuatro de todos los labiales que Mía saco mientras jugaba con mis cosas, también guardo dentro mi celular, el cual está a nada de quedarse sin batería.

Hecho una rápida mirada a la ropa que llevo puesta y hago una mueca al verla toda arrugada y descolocada. Con manos apresuradas intento arreglar y quitar las visibles arrugas del vestido, y cuando por fin logro que por lo menos se vea mínimamente presentable, alzo la mirada a la cama y de inmediato mis ojos chocan con los azules claros de Damián.

Mil pedazos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora