Penultimo capitulo: La boca me sabe amarga solo de pronunciar su nombre.

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#Marcos

Una semana. Una semana entera encerrado en esa habitación de hospital de mierda, viendo como mi mujer se arruinaba física y mentalmente a mi lado día tras día. Una semana de mierda sin tener explicaciones de absolutamente nada por petición del doctor. Una semana sin ver a mis hijos. Una semana sin trabajar en la empresa. Una semana postrado en esa cama como un vegetal con el único objetivo de no conseguir un tercer infarto que acabase conmigo. Pero eso no me había impedido mover hilos, el hijo de la gran puta de Raúl, seguía rondando por ahí mientras yo estaba vigilado por los múltiples guardaespaldas que guardaban mi habitación, cortesía de Ryan y sus ideas paranoicas de que me iba a lagar de noche por ahí... si pudiera, lo haría a cualquier hora del día y sin importarme ninguno de esos gorilas. Pero ni siquiera eso podía hacer.

-Deja de suspirar como si fuera lo peor del mundo tener vigilancia. Por lo menos estás bien.

- Ryan se ha pasado, no hace falta tanta parafernalia. Yo sé cuidarme solo- le digo fastidiado a mi mujer.

- Él solo se está preocupando, Marcos. Si tú no le dejas entrar a que te vea ni siquiera para que sepa algo de ti, pues se ve obligado a tomar sus propias decisiones. Y a mi no me parece mal, desde luego.

La miro sentada a los pies de mi cama. Con unos pantalones sueltos y una trenza desecha, lleva siete días pegada a mis pies, pendiente a todo lo que digo o lo que hago. Solo va a casa a ducharse y para asegurarse de que los niños están bien, y vuelve corriendo al hospital como si yo me fuese a ir a algún lado sin ella. Y por más que se niega a hacerme caso, las oscuras ojeras que yacen bajo sus ojos, gritan a todo el que las ve por un poco de descanso.

- Solo dejan entrar a una persona por ahora. Y si no va a entrar nadie que pueda darme explicaciones o una respuesta a todas mis preguntas, entonces que te dejen a mi lado. No quiero a nadie más - le digo rotundamente. Pero ella pasa de mí y me cambia el tema rápidamente para que no le regañe.

- Los niños te echan de menos, quieren ver a su padre - me dice apoyando su cabeza en mis piernas mientras las lágrimas caen por sus ojos. Yo maldigo mil veces por lo débil que me encuentro y lo mucho que me cuesta moverme, pero la atraigo hacia mí como puedo y la pego a mi cuerpo con fuerza.

-Yo también los hecho de menos, siento que en el primer momento en que me giré, Olivia aparecerá de la mano con un niño y me dirá que son novios. Ella va a ser la causante de mi tercer infarto.

- Culpa tuya por hacerlos tan guapos - me dice divertida.

- No que va. Culpa tuya, porque es igual de coqueta que tú. Dios mío, solo de pensar en que nuestra hija haga algún día alguna de las locuras que hacías tú cuando nos conocimos, ya me vuelven loco - le digo con total sinceridad. Todavía la recuerdo paseándose por ahí en pijamas enanos provocándome de todas las maneras posibles.

- Bueno, yo estaré feliz de que así sea entonces. Gracias a eso, estamos así, porque a ti te encantaba ir de duro... de gallito.

La miro de arriba abajo. Y me acuerdo de miles de momentos con ella. Lo que daría yo por volver a darle vueltas en mi coche de carreras, excitarnos como los adolescentes que éramos y follar toda la noche en cualquier parte. A escondidas de todo y de todos, mientras le decía que era una niñata para mí. Que poco acertado estuve ahí...

- Tú sigues igual de provocativa que entonces.

- Y mira ahora - susurra ella mientras besa el lunar de mi cuello.

- Vamos a salir de aquí nena, y vamos a casarnos de una jodida vez - susurro con la voz ronca mientras le agarro el culo con ambas manos. Estoy deseando que llegue la luna de miel. Pienso llevarla a un sitio donde se pase la mayor parte del día completamente desnuda y preparada para mi. Pero mejor se lo cuento en otro momento..

- Él que no quería hijos ni compromisos - dice riéndose. Joder. Hasta cansada y con ojeras la sigo viendo terriblemente irresistible.

- Has sido tú. Eso solo lo puedes conseguir tú, las demás no me valen desde aquel día.

- ¿Qué día? -pregunta frenando sus besos por mi cuello.

- El día que te lanzaste para besarme en el sofá de mi habitación mientras Lili y Ryan follaban en la pared continua- le digo antes de besarla. Y joder, me apartó en cuanto puedo porque besar sus labios me provocan querer más y más, y para que ella me frene por mi estado, ya me freno yo con tiempo.

- Lo siento - dice ella lamentándose mientras me mira como un niño cuando hace algo malo. Si supiera que ese tipos de comportamientos solo me hace desearla más...

- Quiero hablar con Ryan. Llámalo y dile que venga lo antes posible, necesito aclarar cosas con él antes de tomar decisiones equivocadas - le digo mientras miro la pantalla de los aparatos a los que me tienen conectado. ¿Tanto se necesita para controlar un infarto que sucedió hace días?

- ¿Seguro? ¿Y si tú cuerpo no soporta otra conversación así Marcos? - pregunta preocupada mientras me acaricia suavemente la mejilla. Ni siquiera puedo controlar el recorrido que hacen mis ojos desde los suyos hasta sus labios mientras habla. Me muero de ganas por comerle la boca y decirle lo mucho que la quiero.

- Estarás delante para frenarlo. Y si los médicos no están de acuerdo con ello, tendrán que pasar sobre mí para evitarlo - ella se ríe antes de dejarme un pico sobre mis labios.

- No estás en condiciones de negociar así, campeón.

- Estoy bien. Ya lo estoy, y necesito respuestas a mis preguntas. Asígnele llama también a Ramón - le digo mirando hacia la ventana. La boca me sabe amarga solo de pronunciar su nombre.

TUYA (III)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora