#Mía
Termino de ponerme los pequeños aros de oro que me regaló Marcos cuando nació Evan. Sonrío pensando en lo que me dijo: "Como no entiendo porqué todos le traen regalo a nuestro hijo para que no le falta de nada, y no a ti que eres la que has hecho el esfuerzo, te he comprado esto".
Me miro al espejo una vez más satisfecha con mis pantalones campana blancos de tiro alto y mi camisa nude, perfecta para tapar lo que me quedaba de barriga de embarazada. La miro con añoranza pensando en si tendré más hijos o si esta es la última vez que me voy a ver así. Pero mi momento de reflexión se acaba en cuanto escucho a mi bebé llorando en su cuna y salgo rápidamente del vestidor para poder acercarme a él y cogerle en brazos.
-Ya está mi niño, ya está mamá aquí.
Me mira como si supiese quién soy y que le estoy diciendo, a pesar de que sé que a su corta edad no ve más que una mancha difuminada de lo que tiene en frente. Pero sonríe feliz, con la misma sonrisa compradora que su padre.
- No lo entiendo, ¿qué pasa con mis genes? ¿Porqué ninguno de los dos podíais salir con mis genes? -le digo a mi niño como si pudiera entenderme mientras le cambio el pañal y le doy besos en su tripita. A él se le escapa alguna que otra pequeña carcajada, haciendo que mi corazón bombeé fuerte, Dios mío, ¿cómo podía ser algo tan pequeño tan adorable?
- Como se ríe mi niño, ¿eh? ¿Cómo se ríe? - le digo con la típica voz que se le habla a los bebés. Mi niño se destornilla de la risa y yo le lleno de besos. Así hasta terminar de ponerle una camiseta blanca con unos pantalones marrones, a juego conmigo.
- No entiendo como sois tan guapos tú y tu hermana, es que no lo entiendo- digo alargando las oes mientras salgo de la habitación con Evan en los brazos mirando a un lado y a otro.
Escucho risas y más risas cuando llego al final de las escaleras y miro a mi niño sonriente porque en vez de asustarse, busca atentamente de dónde proceden las voces. Creo que incluso a reconocido la de su hermana.
- Hola a todos, buenos días- digo abriendo la puerta de la cocina con una sonrisa.
- ¡Es el bebé! - grita Liliana bajándose de su silla rápidamente.
- ¡Sí, es el bebé! ¡A ver! ¡Mía enséñamelo! - dice Tomi mientras tira de mi pantalón para que me agache a su altura y puedan verlo.
- ¡Hay mi nieto qué cosa tan preciosa! - dice Eva emocionada mientras se acerca también. Yo les dejo interactuar con mi bebé mientras observo a Olivia, quien no se ha movido de su sitio, por el rabillo del ojo. Marcos parece estar tan entretenido en comerse su desayuno y charlar con su nuevo padrastro, que me veo obligada a interceder.
- ¿Quieres cogerlo Eva? - A ella se le ilumina la cara, lo estaba deseando.
- ¡Yo también quiero! - dice Tomi.
- ¡Mamá, déjamelo a mi! - interviene esta vez Lili.
Le doy a Eva mi niño como si fuese de porcelana, y ella lo coge casi que con miedo sin poder apartar la mirada de él. Se sienta al lado de Ramón y con los niños alrededor de ella preguntándole cosas sobre él bebé sin parar. La miro unos segundos, y por un momento me da miedo que cualquiera la vea algún día con él y se piense que es su hijo en vez del mío, por lo joven que parece.
- Buenos días Carmen - le digo, a la que es mi mano derecha día a día, con una sonrisa.
- Buenos días señorita Mía.
- ¿Has desayunado? -le pregunto viendo todos los churros en la mesa que seguramente hayan traído mis suegros.
- Sí señora. El señor me ha hecho sentarme a desayunar churros también.
- Me alegro - le digo sonriendo para después pasar la mirada a mi hombre, que me sonríe triunfante porque sabe que el gesto que ha tenido me ha encantado.
- Ven, siéntate y desayuna algo. Mi madre ha traído desayuno para tres días. - Asiento. Pero antes voy hasta donde está mi hija sentada, comiendo sin soltar una sola palabra, algo muy raro en ella.
- Buenos días cielo - digo dándole un fuerte beso en la mejilla y acariciandole su despeinado pelo.
-Hola mami.
- ¿Me haces un hueco? - le digo sonriendo. A ella se le ilumina la cara, y Marcos que se está percatando de toda la situación al otro lado de Olivia, parece darse cuenta del estado de ánimo de nuestra hija.
- Sí mami.
Olivia mueve sus platos para hacerle un hueco en la mesa al mío y me señala el sitio de Lili a su lado, que ahora está vacío. Yo me siento, no sin antes darle un beso y un abrazo a Ramón, quien me guiña un ojo cómplice mientras habla con Olivia.
- ¿Le has enseñado ya al abuelo el regalo que le has hecho? - le digo a mi hija a sabiendas de ser totalmente consciente de lo chocante que es para esta familia adaptar el término "abuelo" a alguien que no sea Ignacio, quien por cierto se ha vuelto un tema tabú en la familia.
- ¡Es verdad! ¡Ahora vengo! - dice bajándose rápidamente de su silla para después echarse a correr por toda la casa.
- ¡Pero Olivia termina antes de desayu... - No me da tiempo a terminar la frase cuando mi hija desaparece de la habitación dejándonos a todos allí expectantes.
- Ya lo ves, digna hija tuya, todo el día correteando por la casa - me dice Marcos con tono vacilante refiriéndose a lo de esta mañana. Uy, no vayas por ahí Marcos Rodríguez, no te conviene delante de tus padres.
- Ahí viene - digo intentando que todos centren la atención en Olivia corriendo con algo en la mano.
-¿Qué es eso cielo? - pregunta Eva expectante. Yo aprovecho para fulminar con la mirada a mi chico, pero lo único que consigo como respuesta es una sonrisa arrogante por su parte. Dios mío, porqué no puede dejar de atraerme incluso en estos momentos, delante de toda su familia.
- Es un regalo que hemos hecho en el cole por el día del abuelo - dice Olivia mientras se acerca con timidez hasta Ramón y le extiende su regalo. Este lo coge nervioso mientras Eva le acaricia emocionada la espalda. Ramón nunca había tenido algún nieto antes.
- ¿Esto es para mí? - le pregunta a mi hija. Esta asiente felizmente. Y entonces Ramón abre la tarjeta en forma de corazón y lee lo que pone dentro segundos antes de que se le llenen los ojos de lágrimas.
- Me voy a salir a fumarme un cigarro - escucho decir a Marcos a mis espaldas. Me giro para mirarle marcharse, sé que todo lo que tiene son emociones acumuladas, pero no lo va a demostrar aquí en medio.
- Pone: te quiero abuelo - dice Eva en mi dirección mientras Ramón abraza a Olivia.
Eva también se ha emocionado.
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TUYA (III)
RomanceTERCERA PARTE DE "Eres mía, preciosa" Después de todo lo sucedido en la vida de Mía y de Marcos, parece que el amor ha ganado... ¿O todavía es muy pronto para saberlo? Atención. Esta es una novela hecha única y exclusivamente por mí, no se admite e...
