#Marcos
No vuelvo a pronunciar más que monosílabos durante la comida. Y no dejo de mirar a ese niño cada dos por tres. Joder, Mía tenía razón, es igual que yo. Ese niño es idéntico a mí. Y en cuento me doy cuenta, siento como la sangre se me quema en las venas. Y la simple idea de que esa teoría sea cierta, de que Cloe finalmente haya podido ser madre, de que sea mi hermano el que crie a mi hijo, me enferma, me hace querer matar a alguien, pegar a todo lo que se me ponga por delante.
Por eso mismo, aprovecho el momento en el que todos se levantan de la mesa, unos pares recoger, otros para ir al salón, los niños para jugar, y Cloe para ir al baño. No me lo pienso dos veces y voy tras ella cuando nadie nos presta atención, por suerte Mía está dando de comer a nuestro hijo, así que ya le daré las explicaciones más tarde.
- Eh, espérate. Cloe - digo cogiéndole del brazo para frenarle en seco y girarla hacia mí. Ella se gira, y yo siento como un escalofrío le recorre el cuerpo cuando mis ojos y los suyos se encuentran. Mierda, ¿qué hace?
- Marcos.
- ¿Qué es todo esto? ¿Qué haces aquí? - pregunto sin soltarla aún. ¿Desde cuando Cloe se había convertido en esto?
- Marcos, yo...
- Qué. Estoy dispuesto a escucharte Cloe, creo que tienes mucho que contarme.
Ella me mira de arriba abajo, parece que tiene miedo de lo que pueda hacer o decirle. Pero estoy seguro de que todo es fachada, ella sabe perfectamente como soy y como dejo de ser, y a ella no le deseo ni le he deseado nunca nada malo en la vida. Que no me joda ahora con esto.
- Estoy con tu hermano.
- Eso ya lo he visto, no me tomes por imbécil. ¿Qué haces con él? ¿De qué os conocéis? - le digo un poco más cabreado. No estoy para perder el tiempo.
- Conocí a tu hermano poco después de volver de Nueva York - dice refiriéndose a cuando ella se volvió porque lo dejamos, y yo me quedé para recuperar a Mía.
- ¿Y qué?
- Nos conocimos en un bar de copas, como cualquier pareja Marcos. Yo salí con mis amigas y él estaba por allí, la cosa se dio sin más y hasta día de hoy.
- Te acostaste con él.
- Me habías dejado Marcos Rodríguez, me acosté con muchos después de eso. Yo te quería de verdad y a ti ni te importó.
Suspiro, sé que si entro en su juego no vamos a tener minar nunca, y mucho menos de buena manera. Sé que fui yo quien la cagó y que seguramente no terminé las cosas como debería de haber hecho, pero no me arrepiento lo más mínimo porque gracias a todas las decisiones que tome en aquel momento, hoy mi hija tiene a su padre, estoy con la mujer de mi vida y hemos formado una familia de verdad. No pienso dejarme columpiar por cuatro frases hirientes.
- Ese niño...
- David - aclara ella de mala gana cruzándose de brazos. No puedo negar que sigue estando igual de guapa que cuando la conocí. Estaba muy contento con mi vida, pero no podía negar lo innegable.
- David. ¿Quién es su madre? - digo sin dar más rodeo al asunto. Cloe me mira como si le acabase de dar un puñetazo en la cara y le estuviera doliendo.
- Creo que eso no te incumbe - escupe. Está enfadada, rabiosa, resentida conmigo como nunca antes lo había estado. Estoy seguro de que si no estuviésemos en casa de mis padres y con tanta gente, ya estaríamos gritando y tirándonos cosas como él día que lo dejamos.
- Si que me incumbe. Por supuesto que me incumbe.
- ¿Porqué no le preguntas a tu hermano, Marcos?
- ¿Cómo que porqué? ¿Qué quiere? ¿Qué le parta la boca por estar criando a mi hijo? ¡¿Eso quieres?!
BUM.
- ¿Qué? - pregunta con un hilo de voz.
Entonces Cloe comienza a llorar, a negar con la cabeza y a alejarse de mi. Ahí es cuando me quedan claras las cosas.
- No es tu hijo. No es mi hijo - digo sin dejar de mirarla, esta vez más calmado.
- ¿Crees que yo sería capaz de tener un hijo y ocultártelo? ¿De ocultarle lo que es tener un padre? ¡¿De verdad me crees capaz de eso Marcos?! ¡¿Después de todo?! ¡Tú más que nadie sabes lo que significaría ser madre para mí!
Agacho la cabeza. Me siento un ser miserable.
- Cloe, perdóname. Sé que he sido un completo cabrón, pero tú sabes como son mis impulsos. Y ese niño se parece tanto a mí, y su edad, y tú con él...
- Sigo siendo estéril, Marcos. Por si se te había olvidado. Y a menos que ocurra un milagro, lo voy a seguir siendo por el resto de mi vida.
- Parecías su madre - susurro con toda la culpabilidad a cuesta.
- Lo soy. Tu hermano me ha otorgado ese derecho, y si no fuera por ellos dos, no se me había ocurrido presentarme hoy aquí. ¿O crees que me divierte ver cómo vives tu vida de amor y felicidad con tu perfecta familia y tu maravillosa mujer? ¿Con tus preciosos hijos? ¿Con la misma mujer por la que me dejaste?
- Joder Cloe, lo siento. No lo he visto de ese modo, la he cagado.
- Me ha costado mucho alejarme de ti, Marcos. Ahora parece que Dios me ha compensado todo lo malo que he vivido por ti, así que me va a dar igual si es tu hermano y tu sobrino. Quiero esto, y lo voy a cuidar.
La miro de arriba abajo, le miro a los ojos. Me doy cuenta de que en cuestión de meses, se ha convertido en una mujer hecha y derecha. Tiene las ideas claras y está dispuesta a restregarme las en las pelotas. Pero no le creo, yo no creo que alguien como ella sea capaz de enamorarse de mí hermano. Nunca ha sido tan estúpida.
- Entonces, ¿ya no sientes nada por mi?
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TUYA (III)
عاطفيةTERCERA PARTE DE "Eres mía, preciosa" Después de todo lo sucedido en la vida de Mía y de Marcos, parece que el amor ha ganado... ¿O todavía es muy pronto para saberlo? Atención. Esta es una novela hecha única y exclusivamente por mí, no se admite e...
