CAPÍTULO 21

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—Tengo información exacta.

Me muestra las imágenes de las personas que secuestraron a mi hijo. Quiero la garganta de cada uno, hasta satisfacer mis ganas de verlos gritar pidiendo clemencia por lo que se atrevieron hacer.

—Perfecto —recojo el USB de la mesa, pero posa la mano sobre el objeto antes que lo agarre.

—No harás nada —espeta—. No puedes actuar como imbécil solo por saber su ubicación.

—Quiero a mi hijo de vuelta —exijo—, no me voy a quedar como pendejo esperando que me llamen a negociar.

—Ellos no son estúpidos —alega—. Por una razón dejaron que se encontrarán fácil sabiendo el poder que tienes.

—ya dije...

—Las cosas se harán como yo digo —fija sus ojos en los míos y agrega con semblante frío—: no solo es tu hijo; es mi bisnieto y por esa razón lo quiero vivo, no muerto.

—¡No puedo! —grito con fuerza—Debo ir por él.

—Lo harás —responde segura—. Solo debemos actuar con inteligencia.

—Yo ahora estoy a cargo.

—Pero yo tengo el poder absoluto de todo esto —recalca y me jode que tenga razón—. Si te cedí una parte, también te la puedo quitar. Así que calla y te mueves cuando yo te lo ordene.

No respondo nada y solo formo las maneras en que morirán cada uno si llegan a tocar una parte de Matt.

—Ahora ordena que los guardianes se reúnan para trazar los puntos y cerrarles los pasos de salida a esas ratas.

Dispongo la hora de la reunión y vuelvo a buscar lo que dejé a media.

Su cuerpo se encuentra de espalda con una mano en la barbilla; no pierdo tiempo y la volteo estrellándola contra la pared.

—Muy buena en los entrenamientos.

Rompo el deportivo y los pechos salen a la vista y agradezco que no llevará ningún sostén. Paseo mi mano atrás de su cabello tirando fuerte, besando su cuello chupeteando y dejando mis huellas sobre ella.

—Espero que si así eres buena entrenando —digo—, seas buena resistiendo lo que te espera.

—¿Y qué me espera?

Me reta y logra que me prenda por la manera de decirlo. Ataco su boca jugando con lengua hasta morder sus labios que quedan hinchados por los besos que recibe. La cargo hasta tirarla sobre la cama y no le doy tiempo para que se acomode que empuño su cabello acercándola a mi boca.

—Verte bailar me la puso dura —abre sus ojos sorprendida—. Ahora quiero ser yo a quien le bailes, no me quedaré sin verte desnuda bailando música exótica.

Meto mi mano en la falda que porta y su humedad se impregna en mis dedos que me coloca la saliva liviana por probar sus jugos hasta ver rojizo esa perla que azoto con mis dedos mientras la empapo con mi verga.

—No te quiero cerca de los guardianes —reclamo.

No soy compasivo que introduzco tres dedos en el coño apretado que tiene. Ella se arquea agarrando mi brazo adaptándose a los movimientos.

—Tengo —responde y que me lleve la contraria hace que acelere los movimientos; soltando jadeos de sus labios rojizos e hinchados.

—No, no tienes —repito—, no tienes nada que ver con esto.

Rompo su ropa con el desespero que abarca mi pecho y la lava que recorre mis venas. Buscando su coño como animal hambriento y ella trata de unir los muslos, pero se lo impido.

FalaciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora