CAPÍTULO 31

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Familia Meyers

Daphene Meyers

Es difícil cuando en tu familia eres la mancha que no se quita; que por más que trates de satisfacer a tus seres queridos dejando tus sueños por el suelo, nunca será suficiente.

En mi familia yo soy esa mancha; desde que tengo memoria siempre he sido rechazada por mi abuela porqué según ella: la sangre Meyers nunca es y será noble, que solo debes tener ambición y dureza para que nadie pueda arrebatarte el poder.

Yo no puedo dañar a otros para conseguir algo; no obstante, hice cosas para ser una parte de su orgullo y lo único que recibí fueron reprimendas. Con mamá fue del mismo modo; aunque mis padres me den el amor suficiente no me siento encajada en esta familia como tampoco en el de mi madre que son el ejemplo que la integridad es lo primordial para tener un vínculo.

Me gusta demasiado las cosas arriesgadas; a lo divertido y peligros, recordando que la vida solo es una y que debes disfrutar de todo lo que la vida te pueda ofrecer.

Mamá luchó demasiado con el temperamento de mi abuela y sus ideales. Pero no dejó de luchar y ganarse como esposo un hombre correcto como lo es papá.

Mi hermano es quien tiene las estrellas ganadas con la familia. Aunque, solo siga sus reglas, mi abuela y los demás no dejan de recalcar que es digno de ser un Meyers por su fuerza. Siempre fue rebelde y decidido, nunca demostraba algo que le afectara hasta que llegó Matt a nuestras vidas.

Hace años mi hermano eligió el camino de la desobediencia; teniendo miles de amorío sin importarle lo que pudiera sucederle. Fue ese momento donde se reveló que Dominick iba ser papá. Mi padre fue el primero en saltar y negar que ese hijo no podría nacer fuera de un matrimonio colocándole trabas que solo terminaban en contiendas y separaciones.

La mamá de Matt no quería al bebé pidiendo algo a cambio. Sin embargo, Dominick si quería a ese niño a lo que costara, ofreciéndole una gran cantidad de dinero a la chica permitiendo que naciera con vigilancia en todo momento.

Nació Matt y su madre escapó, ella jamás quiso saber de él. Era un niño precioso con ojos negros y cabello oscuro; pese a que no tenía características de Dominick, sino de la madre; igual estábamos orgullosos de tener un nuevo integrante.

Fue el inicio de las guerras entre papá y Dominick, que el primero quería que mi hermano estuviera en matrimonio con una de la asociación, sino el puesto de todas las acciones y patrimonios de la familia no estarían en sus manos.

Era obvio que tantas peles, presiones terminó alejando a mi hermano de nuestras vidas. No tenemos una relación como chicles, pero es capaz de asesinar si llegan a tocarme; cuando se fue le prometí que lo iría a visitar todos los días a él y a Matt, pero desapareció con ayuda de Jasper y nunca logramos localizarlo exactamente; ya que escapa a cada nada que mi padre hacia sus movimientos.

Toco el piano desde pequeña y de alguna manera es lo que me distrae de mi realidad. No vivo mal, tengo todo a mi disposición. Sin embargo, cuando tu corazón no es llenado por la aceptación y solo por lo material te crea un espacio que quieres que sea llenado con palabras de motivación, aceptación y apoyo.

—Mi abejita preciosa —volteo al escuchar a papá que viene con una taza de chocolate con galletas saladas—. Te escuché tocar y quise dejarte algo para que comas.

Sonrío al verlo.

Fue el apodo que obtuve desde que nací y no ha cambiado, según él mi nariz desde pequeña y estatura es como una abeja que inicia su desarrollo.

—Gracias papá —agarro una de las galletas y vuelvo a mirar las paginas que yacen las partituras.

—¿Qué tocas?

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