CAPÍTULO 52

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Roberto Johnson

La desesperación no me deja tranquilo y ver las manillas del reloj me coloca más nervioso. Están vivos, están vivos; no pensé que existía esa posibilidad que hayan sobrevivido y los traicioné.

Cada pensamiento me exaspera más y busco salidas para ya tener lo que años me costó obtener, pero ver que están vivos me coloca en desventaja cuando no puedo contra a una fuerza mayor que te hace arder en las llamas del infierno con una sola palabra.

—Están ocultos y van por...

—¡Cállate! —bramo—, no van a arruinar algo que me costó años.

—Es peligroso.

—No más lo que tengo en mis manos —exclamo viendo la foto de mi hija.

Me muevo de un lado a otro tomando otra taza de café que no regula los nervios y la desesperación que tengo acumulada desde que tuve de frente a esa persona con un odio y sentí las ganas de destruirme y sé que son capaz. ¿Cómo sobrevivieron? Yo los vi morir ese día, yo mismo traicione a mi pueblo, ahora la posibilidad que caiga en sus manos es mayor y ese sería mi fin.

—Muevan todo, tomaremos el Palacio.

—Señor, está difícil.

—¡Me vale una mierda! Quiero a Isabela en mi resguardo; no la tendrán primero —grito—, primero mato a Isabela.

Busco mis creaciones alterando compuestos para tener algo a mi favor. Cierro los ojos borrando su cara y el poder que sentí cuando su único deseo era acabar con mi vida. Intenté liberarme, pero su anhelo arrojarme a la Puerta Oscura me tiene en un puente que está a punto de soltarse y puede no logré mis objetivos.

Dejo que el ordenador me suelte los resultados para poder unir y que todo salga en perfecto estado. Tomo de la sangre de Isabela que tenía resguardada y mezclo la espesa sustancia con el líquido verde y todo es una maravilla al ver la pantalla grande con las reacciones que me tranquiliza y a la vez altera.

Ahora el tiempo es mi enemigo y las notas que pensé que eran de Meyers cobran sentido ¡Maldita sea! Todo este tiempo fueron ellos. La amenaza fue clara y me deje tomar por pendejo pensando que todo era un juego de Meyers por tocar a su amante.

"Tic toc"

La flor

Las notas

Frases en sangre

Las fotos

Todas las malditas señales las tuve encima y no pensé en la posibilidad que fuera por aquello. Limpio el sudor de mi frente cuando nunca la presión me ha dado problema; sin embargo, ahora tengo el tiempo y los pasos de mi enemigo encima.

—Señor, la señorita no se encuentra en el Palacio.

—Perfecto, estén al tanto de los movimientos de Dominick que debe estar en sus manos —ordeno sin dejar ver la maqueta en mi escritorio—, quiero que me digan dónde se encuentran.

—Luego de eso señor —pregunta el cabecilla de mis hombres—, ¿Cuál sería nuestro trabajo?

—Tomaremos a Isabela cuando se encuentre en las finales de la competencia y mataremos a Dominick cueste lo que cueste.

No la tendrán; son peores que yo y ese poder no lo tendrán ellos.

....

Isabela Johnson

Recorro los grandes salones viendo los cuadros mientras los empleados hacen su que haceres.

Es asombroso este lugar, desde la entrada hasta su interior: las paredes son antiguas con dibujos en forma de seres angelicales, las grandes cortinas doradas decoran los pasillos y la escalera es tallada con una alfombra roja con líneas doradas en los bordes.

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