Isabela Jonhson
Es imposible no caer por ese hombre con aspecto a macho alfa que desprende a solo tenerlo a un metro de mi cuerpo. No pensé sentir esto algún día, aunque traté de evitar su cercanía e igual me encontraba «es como un maldito radar».
Lavo mi cara arreglando un poco mi aspecto desaliñado. Odio que rompa mi estabilidad cuando solo quiero olvidar los sucesos que pasó entre los dos; no puede haber nada entre los dos es como un pecado que puede traer consecuencias a tu vida si no lo evitas.
Este lugar sientes ese ambiente hostil y a la vez justo para tu vida. Antes pensaba que mi vida solo iba a basarse en ser el conejillo de india de mi padre y ser esclava para su ambición; ahora estoy lejos de ese mundo buscando la forma de destruir mi progenitor. Me siento bien aquí, ya no siento ese miedo al despertar; ahora solo me toca defenderme a garras porqué algo si sé, Dominick no será el ángel que me cuidará a todo momento o no sé.
—Sala 505 —la chica rubia me topa y pego un brinco—. Leí tu expediente, te necesito en esa sala en cinco minutos o correrás veinte vueltas al campo de tiro.
Desaparece sin más, ni un hola o hasta luego «todos parecen robots» todos actúan como seres amables, pero fríos a la vez. Me encamino y veo largos pasillos, pero ninguno con el número correspondiente.
No me interesa las peticiones de Dominick, estoy aquí por un objetivo y es encontrar a mamá cueste lo que cueste.
—Acomódate y en un segundo te llamarán —asiento y espero a la rubia sentada lejos de los demás.
Cuando mataron a mi ángel, perdí amigos y familiares; creé un círculo de soledad y a lo largo del tiempo le tengo miedo a las personas. Se oye tonto, pero sentía que iban a lastimarme ¿puedo estar con personas? Sí, lo que no aguanto es la cercanía como si fuera una avalancha sobre mí.
—Isabela Jonhson —exclama otra chica diferente.
Es bellísima; su piel de porcelana y sus facciones finas la hacen una total doncella con el cabello corto y ojos celestes claro. Es como si fuera del olimpo con ese aspecto angelical y a la vez aguerrida. Aunque tenga el cabello corto no le quita lo denota por el tono de su piel.
—Maggie Li —me ofrece su mano.
—Isabela Jonhson —le devuelvo el saludo y muestra su perfecta dentadura.
—Te ayudaré con defensa personal —explica y la sigo—; debes estar preparada para todo: golpes fuertes, caídas, empujones, señalamiento; es lo que te hace fuerte en situaciones emocionales y físicas.
Abre una doble puerta y en su interior se encuentra un gran cuadro en el centro cubierto por una malla negra. Es amplio y puedes encontrar todo tipo de artefactos para pelear. Dos hombres se encuentran en el lugar y miro a la chica dudosa y con cierto temor.
—Tranquila, aquí no te pasará nada —me da un apretón en los hombros y sigo sus pasos hasta que me hace colocar una venda en ambos manos—, primero te enseñaré como desviar golpes ya sea con un contrincante o doble —vuelve a explicar por mientras que me venda las manos—; primero usarás guantes. Sin embargo, en algún momento debes pelear sin ellos.
Al terminar se posa frente a mí y sigo sus posiciones para empezar con las prácticas.
—Tus reflejos serán tu modo de sobrevivir —asiento—. Concéntrate siempre en la mirada que el opresor te da; así tus reflejos serán más hábiles que las suyas.
Esquivo el golpe y sonrío por lo que acabo de hacer. Sigo golpeando las manoplas.
—Piensa la manera que golpearías al ser que te destruyó —sigo golpeando—; ten ese odio cerrado en tu memoria y golpea descargándolo, pero sin olvidar que fue el causante de tu dolor.
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Falacia
RomanceEsperar de la vida no es algo que debemos aferrarnos. Confiar en que una persona puede hacerte renacer luego de tanto dolor causado por la maldad que el mundo te ejerce como castigo no tiene precio, terminando con ese mismo sentimiento de dolor, res...