Dominick Meyers
Contemplarla desnuda es un habito que no me aburre y tampoco me desagrada. Tan solo verle el culo y las piernas torneadas y su piel blanca me engrosa la polla y busca sentirla por el cual ansia que sus paredes se contraigan al tenerla sometida sin poder controlar sus orgasmos.
Es momento que efectué mis planes y poder tenerla sea como sea. No voy a permitir que me la vuelvan a quitar y si tengo que fingir que no tiene un adefesio en su interior, lo haré con tal de tenerla de esta manera.
Es una maldita demente que logra que pierda mis cabales y descontrole mis principios; es una desgraciada por colocarme en posiciones que no hacía por nadie y esa vibración la desconozco y no quiero prometer algo que no puedo cumplir. Me gusta el que soy: sexo sin compromiso, detrás de mis reglas y gobernando de la manera que le gusta y ahora que sé que todo puede venirse a la mierda y; busco la forma para que no salga perjudicada rompiendo una de las leyes que nunca debo infringir.
Ahora todo debo hacerlo de la manera que nadie sospeche y al momento de las elecciones finales; sabotear para que ninguno y mucho menos el consejo la acribille por lo que en su sangre lleva.
Miro la pieza en mis manos soltando una risa de ironía por verme en este momento como un demente que solo piensa en sí mismo, pero también piensa en las consecuencias y las ignora con tal de tener lo que quiere.
La veo removerse entre las sabanas blancas y su cuerpo desnudo me endurece la polla queriendo follarla a primera hora que sale el sol. La luz naranja resalta aquellas hebras negras onduladas en las puntas y la línea de su espalda me enloquece; busca algo en la habitación y al verme se tranquiliza.
-Buenos días -esa voz, tan malditamente angelical y su bostezo como niña pequeña.
Me levanto de la silla sin dejar de mirarla y acorto el espacio hasta tener su cara cerca de la mía negando a que la bese; absurdo.
-Buenos días, nena -deposito en un beso en sus labios suaves y miro el desayuno detrás de ella-, tenemos un día largo, desayuna mientras busco algo.
Se emociona al ver los waffles lleno de chocolate y dos bolas de helado de vainilla encima.
Busco el cofre acercándome nuevamente mientras ella devora su desayuno.
-Es una reliquia familiar -observa el cofre con pequeñas migas en sus labios que borro sonriendo-. Necesito que nunca te lo quites.
-Es algo sobre posesión o por qué que quieres que tenga algo sobre tu familia -no respondo-, creo que la primera; demostrar que soy tuya.
Si tan solo supiera...
-Con esto no te harán daño, de igual manera, puedo tener la facilidad de encontrarte.
-¿Tiene algún tipo de rastreador?
-Digamos que sí, solo que no te lo quites dentro del Palacio.
-¿Por?
-Seguridad -es lo único que digo y ella no deja de mirar la pieza de oro con diamantes incrustados.
-Es hermoso -se lo coloco y lo mira anonada...perfecta como ella.
-Moveré hasta el puto núcleo de la tierra con tal de volver a poseerte -proclamo seguro sin dejar de mirarla-; derrumbare todo lo que se me interponga con tal de que estés conmigo; porque una cosa te digo, eres mía desde ese día y que el torbellino que me arrasaba cuando te tenía a pocos metros descontrolaba mis sentidos; que leerte sería difícil y heme aquí siendo adicto de tu piel, ese maldito aroma que me volvió un dependiente y que movió cielo, mar y las putas montañas con tal de volver a tenerte y eso pasará con todo aquel que intente quitarte de mi lado. Eres mía Isabela Johnson: en todos los putos sentidos.
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Falacia
RomanceEsperar de la vida no es algo que debemos aferrarnos. Confiar en que una persona puede hacerte renacer luego de tanto dolor causado por la maldad que el mundo te ejerce como castigo no tiene precio, terminando con ese mismo sentimiento de dolor, res...