CAPÍTULO 5

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Dominick Meyers

Dos mujeres yacen en mi cama desnudas cubierta por las sabanas blancas. La noche estrellada ilumina Alemania y los altos edificios denotan la elegancia, bebo la última gota de alcohol quemando mi garganta pensando miles de idea de como desaparecer a las personas inútiles como por ejemplo mi padre.

Recojo las ultimas piezas de mi ropa colocándola por encima dejando a las dos mujeres en la habitación <<no soy tan apegado a los tríos>> pero cuando se presenta la oportunidad nunca la rechazaría.

—Llevo buscándote dos malditas horas —el hombre habla a mi lado y camina al paso mío.

Miro mi móvil jugando candy crush.

—Tampoco te pedí que me buscaras —alego acomodándome en el asiento del auto.

—¿Enserio Dominick? —exclama efusivo—. Acaso piensas que quitarle pistas a tu padre es ¿fácil?

—Esa mierda ni me interesa —sigo moviendo los dulces en la pantalla—. Por mi puede seguir buscando.

—Tu padre va quitarme la última vida que me queda —chilla y ruedo los ojos—. Pasó en España, Dubái, Canadá y ahora en Alemania. Tienes que volver y hacerte cargo, no puedo seguir ayudándote dañando los sistemas de cada maldito lugar que te escapas.

—Tampoco te pedí que lo hicieras, Jasper —soy sincero—. Mi padre puede venir como quiera; tampoco voy a regresar cuando él es un intachable hombre —suelto con sarcasmo y pierdo la ultima oportunidad en el juego—. ¡mierda! ¿Por qué no dan inmortalidad en este maldito juego?

—¡Dios! Tu padre va quitarme la cabeza cuando se entere —alega preocupado.

—¿Cuándo fue la ultima vez que tuviste sexo?

—¿Qué?

—Responde.

—Eso no viene al caso Dominick —responde enojado—. Solo quiero que vayas con tú padre y no pongas mi cabeza en la guillotina cuando se entere.

—Me vale mierda —vuelvo a reiterar—. Tengo lo que quiero —declaro seguro—; te falta es una buena follada.

—No me hace falta eso —protesta.

—Entonces cuando fue la ultima vez que tuviste una erección —pregunto.

—En realidad no sé.

—Perfecto, contratare unas para compartir esta noche —marco mi móvil para hacer el encargue.

—Acabas de tener sexo hace cinco minutos —lleva sus manos a la cabeza, hastiado de todo.

Entro al vestíbulo del hotel que me hospedo recogiendo las llaves de la recepción.

—Solo relájate y disfruta las vaginas que te estarán esperando.

—Sigo diciendo que esta mierda va a acabar conmigo.

—¿Eres precoz?

—¿Qué? —frunce el ceño—, claro que no.

—¿Entonces porque dices que esta mierda va a acabar contigo?

—Hablo de tu padre.

—Supéralo —entro a mi pent-house tirando las llaves al sofá.

—Iré a quemar las cintas de las cámaras de seguridad de la avenida nueve oeste.

—Suerte —digo divertido y el niega desapareciendo.

Observo la foto de mi hijo en la mesa y sonrío. Es lo único que me importa y la razón que odio a mi padre por no dejarme vivir en paz y dejarlo a el ser un niño normal en este maldito asqueroso mundo. Marco el número y al tercer tono descuelgan.

—Detalles —ordeno.

—Se encuentra seguro y ahora duerme señor.

—Alista las maletas para el fin de semana. Nos vamos de viaje.

—Como usted diga.

Cuelgo y mi cabeza quiere estallar por las malditas mierdas que mi padre logra. Tengo que moverme en cada maldito lugar en que puedo estar tranquilo; mientras él pisa mis talones recalcando que a él nada se le escapa, encontrándome fácilmente.

—Ya pude borrar el historial —aclara Jasper sirviéndose un trago.

—Que bueno, gracias que amable —suelto con sarcasmo—. Tenemos que irnos a Rusia en una semana.

—¿Qué?

—¿Necesitas un examen de audiometría?

—Maldito —exclama—. Otra vez tu padre te encontró.

—¿Qué comes? Que aciertas —llevo el vaso a mis labios bebiendo el contenido.

—¿Matt esta bien? —asiento y no pregunta del tema.

Mientras él programa todo y no levantar sospechas en los aeropuertos yo disfruto de la mujer que cabalga sobre mi verga como una gata salvaje <<esta más abierta que un túnel subterráneo.

—Si, ¡Dios! —su chillido no hace que pueda concentrarme y muchos menos que el agujero abierto no aguante mi grosor y longitud.

—Tu verga es muy grande —vuelve a chillar y ruedo los ojos.

Trato de acomodarla boca abajo tapando su boca para no escucharla. Ondeo la pelvis sin lastimarla porqué si me muevo una pulgada seria capaz de romperle el coño.

La embisto con fuerza agarrando su cintura buscando esa onda de placer que trata de salir, pero es imposible por más que me imagine una escena porno en mi cabeza. Ella restriega su coño seco contra mi falo erecto y caliente que arremata una y otra vez sin pensar si le duele o no <<este placer es mío>>

—Espera —jadea—, me estas lastimando.

Las ganas se esfuman.

—Si no aguantas una follada de la buena, pido que te vayas.

—Oye, tranquilo —dice—. Solo debo acostumbrarme.

—Ya debes estar acostumbrada ¿no?

—¿Cómo?

—Olvídalo, solo vete.

La mujer castaña sale estrellando la puerta y llamo a otra disputa que no grite y pueda aguantar lo debido y poder eyacular como Dios manda.

.....

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