Dominick Meyers
—¿Quiero saber que carajos intentas hacer? —la encaro mirándola con enojo—. No te quiero cerca de ella ¿me entiendes? Aléjate lo suficiente que esto no es algo real.
—Solo quería ser su amiga.
Ajá y yo tengo pito pequeño.
—Déjate de pendejas, que sé muy bien lo que intentas hacer —ironizo y ella se encoje en la silla—. O te quedas en tu lugar o te elimino por completo, no vas arruinar mis cosas por tus caprichos.
—Solo quería ayudar para que la vieras y nadie se enterará —expone entre nerviosísimo.
—No necesito tu asquerosa ayuda y me vale mierda quien se entere que me cojo a la pelinegra —enfatizo y su rostro baja—. No me andes con juegos princesita, que esto solo es una unión para ayudar a tu pueblo.
—También para que te elijan en el consejo —ataca.
Ya saca sus garras la princesa inocente y buenas vibras.
—Créeme, que, aunque este Palacio este lleno de ángeles; soy lo contrario —emito y me acerco a su rostro—. He eliminado a varios que intentan burlarse de mí y no es bueno que termines en el mismo lugar.
—¿Me amenazas?
—Sí, que hermoso ¿no? —ironizo—. La bella princesa murió por desperfectos de su avioneta cuando impactaba contra una montaña perdiendo la vida.
Traga grueso.
—Tu familia no la acepta.
—¿Y? la que se la folla soy yo —soy sincero—. Así ubícate toma tus medicamentos de esquizofrenia y aléjate de Isabela.
—Tienes miedo que se entere que soy tu prometida —clama y me mira sobre sus llorosos ojos—. Tarde o temprano se va enterar.
—Eso lo decido yo.
—¿Qué vas hacer cuando los periódicos lancen la noticia? —protesta—. ¿Qué vas hacer cuando se anuncie nuestra boda? Es mejor que le digas la verdad y yo pueda ayudarte a que la sigas viendo.
—O si no ¿Qué? —pregunto—. Llamaras a tus papis para que te salve el culo por la humillación que vas a tener sobre tu pueblo y la mancha al enterarse que te es infiel tu esposo con una mujer que tiene más cualidades que tú.
—No te pases.
—Entonces no sobrepases tus límites —farfullo—. No quiero verte en el Palacio.
—No me puedo ir.
—Perfecto, pero no metas tus narices donde nadie te necesita.
El enojo me abarca y estrello la puerta de su dormitorio mientras bajo las escaleras y el otro dolor de cabeza me espera de pie sobre el inicio de los escalones.
—No me jodas —replico—. Aléjala de mis asuntos, te dije que me vale mierda ese matrimonio y si debo eliminar para estar en ese consejo lo voy hacer; eso no lo vas a impedir ni tú.
—Termina esa aventura de una vez por todas —alza la voz—. Ella solo es la piedra que va hacerte caer.
—¡Me vale una mierda! Si la quiero para mí ni tu ni nadie va impedirlo —grito en el mismo tono hasta acercarme—. Si se la quite a él ¿Quién no te asegura que no se la voy a quitar a quien intente arrebatármela?
—Quiero escuchar eso mismo luego.
—Alice, solo queda menos de tres días para todo esto —hablo con el pecho caliente—. No quiero sorpresas, no estoy para juegos.
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Falacia
RomanceEsperar de la vida no es algo que debemos aferrarnos. Confiar en que una persona puede hacerte renacer luego de tanto dolor causado por la maldad que el mundo te ejerce como castigo no tiene precio, terminando con ese mismo sentimiento de dolor, res...