Emma:
Bajo grada por grada con la mirada en frente como me enseño la condesa minutos antes de bajar las escaleras, el estómago me duele , pero no tanto como cuando ella dijo que ya era hora de salir y presentarme.
Mantengo la postura, sujetando mi vestido largo y que me llega hasta cubrir mis pies, de un color rosado pálido, sin hombreras y acompañado con brillos en la tela traslucida de la falda. Cuido mis pasos hasta que mis ojos dan con Bram y me es imposible apartar la mirada de él.
Le sonrio conteniendo la mitad de la felicidad que tengo, y no mostrar mis muecas exageradas, aunque el termina sonrojándome con esos ojos que me recorren de pies a cabeza, el conde sonrie y da un paso delante de mí, pero cuando voy a bajar el primer escalón, mi cuerpo va hacia adelante, y tropiezo.
Bram me logra sostener a tiempo y solo me tuerzo un poco el pie, más no me caigo. Escucho el momento en el que los presentes sueltan un sonido grupal de sorpresa, aunque eso acaba cuando el conde me alcanza a sostener.
Mi mejilla queda sobre sus hombros y aparto la cara para mirarlo de cerca, el perfume del conde llega a mis fosas nasales y hoy más que nunca y así de cerca luce muy atractivo.
—¿Estas bien?
Me aparto sonrojada y asiento con la cabeza, las manos de Bram me sujetan el brazo y el me acompaña asintiendo con la cabeza. Sonríe y escucho un carraspeo, es su madre, quien le da un aviso a Paul y aunque no escucho que dice.
Bram me extiende la mano.
—No me...—Me detengo y hablo más bajo acercándome a él. —No me dijiste que habría un baile.
—Lo sabes ahora.
Arqueo una ceja, mientras hablamos los demás invitados esperan a que iniciemos, dándonos espacio en el centro del salón.
—No he..
—¿Confías en mí?
Me pierdo en sus ojos, por dios, claro que sí.
Le tomo la mano y la sonrisa de Bram se expande.
—Recuerda que no..
—Yo te guiare...—Y eso hace llevándome al centro de la pista de baile, mientras los tonos suaves y musicales empiezan y crecen rodeando el salón.
Me detengo frente a él, sintiendo su mano rodear mi cintura y la otra sujetarme la mano con delicadeza, el conde empuja mi cadera acercándome a él y sonríe de forma traviesa, vuelvo a sonrojarme en medio de todas esas miradas, pero aunque siento esas presencias, mi atención solo está en el hombre elegante que me pide que confié en él.
—Estas hermosa.
—Y usted no está nada mal, excelencia.
Se ríe y empieza el baile, trasladándome a un solo lugar donde estamos nosotros y no pienso en lo que hay en mi alrededor, pienso en él y solo lo miro a él.
(***)
Me presentan un sinfín de hombres y a sus acompañantes, entre novias, esposas u acompañantes, de los cuales intento recordar sus nombres, aunque me es difícil aprendérmelos y más, pronunciar sus apellidos, apellidos como Procházková o Pospíšilová.

ESTÁS LEYENDO
Un anillo para Emma
RomanceMonte Carlo, destino paisajístico de la nobleza y el hogar de Emma. Emma Dempsey esperaba un anillo y en lugar de eso obtuvo una ruptura, ahora no sólo debe aceptar que su ex novio de hace cinco años, se encuentra al lado de una mujer mucho más jove...