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Emma:

Limpio las cucharas de plata con la franela antes de llevarla a la mesa de la terraza, donde desayunaran el dueño, su hija y unos congresistas recién hospedados en el hotel.

Pensé que, con la llegada de la duquesa, la ambición del dueño la volvería su foco principal de sus celebraciones como hizo con el conde, pero debo intuir que Jennifer McDougal no se sentía complaciente con la visita de la duquesa, no podía ser menos cuando ella buscaba ser cortejada por el prometido de ella y como el señor McDougal mima tanto a su hija, es probable que le concediera el deseo de no compartir ninguna mesa o cena con la duquesa y el conde.

Lottie llega a mi lado.—Déjame te ayudo.

Le entrego otra franela, más pequeña y se pone a limpiar la plata a mi lado.

—El conde estuvo preguntando por ti...

—No tendría porque... su prometida esta aquí. —Respondo sin mirarla.

—¿Pero si ella es su prometida porque no deja de preguntar por ti?

—Ojalá pudiera responder eso. —Y claro que lo sé.

Lottie suspira. —El amor es tan extraño. Si yo tuviera un amor así no lo dejaría ir.

Me vuelvo hacia ella. —¿Incluso si sales lastimada en el proceso?

—La vida está hecha para sufrir ¿No? Hay que atreverse a dar ese paso.

—La vida ya me ha agarrado como saco de boxeo muchas veces. —Suspiro. —Este saco está a punto de caerse con un golpe más.

—Entonces vuelve a rellenar la arena de ese saco.

Me mantengo callada, con los ojos sobre mi amiga.

—¿Y qué debo hacer, Lottie? Ella es una duquesa, Lottie y yo una ...

—Una mucama. —Me interrumpe ella. —Y siendo mucama se fijó en ti.

— ¿Y la has visto? Es muy hermosa.

—Tú también lo eres, lo eres para el ¿No?

Trago saliva.

Mi mirada cae por un segundo.—El tiene una reputación que mantener. ¿Qué empezara a decir la gente cuando sepan que esta con una mucama? Van a juzgarlo y se burlaran de el... No puedo hacerle eso.

—El conde sabe eso ¿No?

—Debe saberlo.

—¿Y te dijo el que lo dejaras?

Me pidió decidir porque...

No le importa, pero a mí sí.

No puedo hacerle eso.

—No puedo ser egoísta con Bram, yo lo...

—No hace daño ser un poco egoísta con los demás, Emma. Incluso con el conde, aunque estoy segura que él desea que seas egoísta y lo elijas a él.

Separo los labios, pero no logro articular ninguna palabra. La jefa comienza a aplaudir, exigiendo que nos apuremos.

—¡Congresistas, señoritas! ¡Congresistas, no podemos hacerlos esperar!

Lottie sonríe y hace una mueca, encogiendo los hombros. Es quien se adelanta de las dos y llevar la primera bandeja de plata con cubiertos.

—¡Emma!. —Me llama la jefa con una ceja fruncida. —¡Deja de perder el tiempo y ve con Lottie!

Suspiro y sigo los pasos de Lottie.



Un anillo para EmmaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora