¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
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—Señorita Sinclair, venga a mi despacho.
La grave voz de mi jefe a través del teléfono resonó con determinación y enfado, como siempre. Nunca pedía las cosas por favor y mucho menos agradecía.
—Por favor y gracias, señor —Dije apretando el botón y lo único que escuché del otro lado fue un bufido. No había mucha química entre los dos, nuestra relación siempre ha sido complicada por dos razones, dos pequeños detalles. Él no me soporta, y yo no tolero su pedantería.
Pero le sirvo, y esa es la única razón de que aún no me haya despedido.
Soy asistente en la empresa inmobiliaria de los Henderson. Es una de las empresas con mayor prestigio en Nueva York dentro del rubro, y yo trabajo para el mismo dueño de aquel emporio: Alastair Henderson.
Tengo veintisiete años y trabajo para ayudar a mis padres. Soy la única que tiene un trabajo estable y la proveedora principal de la familia.
Mi madre tiene un trabajo esporádico como costurera y si bien no es muy bien remunerado, significa un aporte importante para mi familia. A veces se queda hasta tarde remendando algún pantalón o un vestido. Por supuesto que mi padre no se gana la vida de una manera diferente, aunque para él es un poco más complicado porque tiene una afección al corazón que le impide llevar a cabo algún tipo de trabajo, al menos mamá prefiere que sea así. Por esa razón da clases de pintura artística en un pequeño taller en nuestra casa.
Tengo cuatro hermanos, dos mayores y otros dos menores. Sí, somos una familia numerosa.
La mayor es Amelia, pero ella ya no vive con nosotros. Es feliz con su marido James y la pequeña Astra. Mi sobrina es la adoración absoluta de la familia. Luego, está el imbécil consumado de Oliver. Tampoco vive con nosotros, y es lo mejor que ha hecho por la familia. Esto último siempre lo menciono lejos de los oídos de mamá, escuchar eso le rompe el corazón.
Mis hermanos menores son Joanne y Kyle. Joanne está cursando el último año de medicina en la universidad, mientras que Kyle aún no termina el colegio.
Y si me esforzaba tanto en la vida, si soportaba los caprichos del autócrata de mi maldito jefe, si durante dos años me levanté a las cinco de la mañana y volví a casa durante las medias noches porque al estúpido de Alastair se le ocurrió que debía realizar un curso, era por ellos. Siempre ha sido por ellos. Toda la vida será por ellos.
No había distracciones en mi vida, y la única batalla que llevaba a cabo, además de la que tenía con mi despertador en las mañanas, era con Alastair Henderson. Sí, que tipo más déspota y arrogante. Su pasatiempo favorito es incordiarme, pero a él se le olvida que yo también disfruto sacarlo de quicio. A Alastair le gusta jugar a ser un demonio, pero a mí me encanta ser su maldito infierno.
Los últimos ocho años he trabajado para la inmobiliaria Henderson, pero comencé siendo la recepcionista durante un año. Mi evaluación superó las expectativas en el área administrativa y no tardé en posicionarme como una de las secretarias de la gerencia. Esa labor me permitió adquirir experiencia mientras veía el desfile de asistentes que no soportaban trabajar con Alastair Henderson alias "El dictador" y cuando me propusieron postular cuando, una vez más, el puesto estuvo vacante, accedí.