¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
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Conocí otro aspecto sobre la personalidad de Maximilian.
Él respetaba los tiempos. No era insistente y probablemente yo no era tan importante como para que él quisiera solucionar los problemas que había entre los dos.
Y yo era demasiado orgullosa.
La última semana fue un alivio para mi corazón. Max decidió acudir a las reuniones fuera de la empresa que había postergado, mientras que yo me quedé para cerrar los contratos de los negocios que él comenzaba. Nuestros problemas personales no intervinieron en lo profesional.
Él y yo somos un buen equipo, conocemos las debilidades y fortalezas del otro y sabemos manejarlas a nuestro favor. La empresa está en su mejor momento, y solo por eso Alastair nos deja trabajar tranquilos.
Lo único que está mal en mi vida es la ausencia de Max y el paseo constante por la inmobiliaria de Maya Daviau.
¡Uf! ¡Que exasperante, virgen de Guadalupe!
Además de ser un poquito pesada y de creer que yo era la secretaria de Max me saca de las casillas su aire de superioridad para con todo el mundo. ¿Saben? Me esfuerzo mucho en ver qué es lo que ve Max en ella, claro, sin referirse al físico, porque la mujer es despampanante.
Cada vez que los planetas se desalineaban y Max me pedía que me presentara en su oficina cuando ella estaba, que por fortuna solo fueron unas pocas veces, la serpiente me pedía un café. ¿Por favor y gracias? No conocía el significado de aquellas palabras. Barney estaría decepcionado.
Siempre aparecía al medio día, imagino que ahora almorzaba con ella y no sándwiches de atún en Central Park.
Me dejé caer sobre mi silla, abatida y celosa porque justamente ahora ella estaba en la oficina de Max.
Creí que la distancia supondría una esperanza y que mi corazón dejaría de tener expectativas, pero no. El maldito es un traidor que se niega a olvidar el trasero del hombre con nombre pomposo.
—Eres un idiota —le hablé a mi corazón—. ¿Cómo permites ilusionarte con un hombre inalcanzable? —apoyé el codo sobre mi escritorio y la cara en el borde de la mano—. No me puedes obligar a querer a un hombre con un nombre tan remilgado, ¿cómo diablos se puede gemir Maximilian en medio de un orgasmo? ¡Es más largo decir el estúpido nombre que el mismo orgasmo! —con la otra mano agarré el mouse y comencé cliquear en un archivo de Exel. Me sentí más sola que nunca sin Melanie, y Ryan ya se encontraba en sus pequeñas vacaciones post fin de año.
Estaba sola. No tenía con quien ir a comprar los regalos de Navidad, y aquello siempre me emocionaba y odiaba no sentirme así ahora.
El teléfono sonó y contesté esperando que fuera Melanie.
—Dime que eres tú Melanie, por favor —rogué con voz afectada—. No te imaginas todo lo que está pasando en esta maldita oficina. Mi mundo se derrumbó, cambiaron el papel higiénico y no tengo con quien ir a comprar mis regalos de Navidad —me quejé. Escuché un carraspeo y continué—. ¿Sabes qué es lo peor de todo? ¡Que Max...!