Capítulo 20: Se avecina la tormenta.

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—¿Qué es esto? —pregunté mirando la sonrisa cautivadora de mi jefe

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—¿Qué es esto? —pregunté mirando la sonrisa cautivadora de mi jefe. Me acababa de entregar un sobre y no sabía qué pensar. Tenía razones para temerle a sus regalos excéntricos.

—Solo abre el sobre.

—¿No es una carta de despido? —Max rio.

—Claro que no —curiosa abrí el sobre igual que una niña en Navidad, pero cuando descubrí lo que había dentro no se sintió tan maravilloso. Me dejé caer en la silla de golpe.

—¿Qué es esto? —murmuré.

—¿Pensabas que no te iba a invitar a mi matrimonio? —el parte consistía en una foto de la pareja, luego los nombres y una breve invitación para la unión definitiva entre Maya y Maximilian. El impacto que me generó ver la fecha de vencimiento de mi propia ilusión me hizo añicos por dentro. En unas pocas semanas el hombre que alteraba mis nervios y aceleraba cada latido de mi corazón se casaba.

Se comprometería con otra mujer para siempre.

Esbocé una sonrisa que hizo de escudo, o, más bien de biombo, ya que no necesitaba proteger mi corazón puesto que ya estaba roto, solo necesitaba cubrir las evidencias para que él no se diera cuenta.

—Queda muy poco —susurré.

—Sí —confirmó con una sonrisa—. Maya se quería casar el día de mi cumpleaños, pero no quería empañar el día de nuestro matrimonio con una fecha tan extraña.

—¿Por qué? ¿Cuándo estás de cumpleaños? —acababa de reparar en ese detalle. No sabía cuando estaba de cumpleaños.

—El 29 de febrero —sonrió y yo fruncí el ceño—. Sí, en año bisiesto.

—¡Este año es bisiesto! —arrugué la nariz—. ¿Celebras tu cumpleaños cada cuatro años? —Max sonrió.

—Maya se encarga de celebrarlo cada año —el tono tan soñador con el que habló despertó mi envidia, y yo no era una mujer que se dejara llevar por sentimientos negativos, pero me moría por poner aquel tono en sus labios cuando hablaba de mí.

—Eso es maravilloso —me levanté con el parte matrimonial en la mano—, voy a preparar el informe que me pediste —Max asintió, pero no me miró. Esbocé una sonrisa triste porque él jamás me miraría de la manera que yo quería.

Cerré la puerta de su oficina y me apoyé en ella con un nudo horrible en la garganta. Por supuesto no iba a ir a esa boda, solo debía inventar una buena excusa para que él no se enfadara.

Es más, ese día ni siquiera me iba a levantar de la cama. Estaba destinado para llorar y comer helado enrollada en una de las mantas que mamá tejió.

Luchaba para sacarlo de mi corazón con urgencia, porque ya no quedaba tiempo. Trataba de soltarlo todos los días un poco más, pero como si Max supiera que quería alejarme de él, me deleitaba con sus detalles provocando que me aferrara con fuerza a ese tortuoso sentimiento.

Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora