¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
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MAXIMILIAN
—¿En serio creías que me iba a quedar tranquilo después de que me traicionaras? —se inclinó y me agarró del pelo—. Se te acaba el tiempo, Maximilian —me soltó con fuerza y yo terminé de caer al suelo. Por experiencia sabía que lo mejor era permanecer un momento más en el suelo. Mi espalda estaba hecha jirones, y no soportaría el contacto con la ropa—. ¿Qué piensas hacer? ¿Tienes un plan? ¿Los golpes removieron tus malditas neuronas?
—No era necesario —reí mientras escupía la sangre. Miré a los matones que le ayudaban a golpearme—. Pero ya no tienes la fuerza suficiente para golpearme solo, eso lo entiendo.
—Estás acumulando latigazos para nuestro próximo encuentro.
—No habrá un próximo maldito encuentro —murmuré.
—Me parece justo que te ofrecieras para salvar a tu madre —susurró, pero aquel tono me estremeció mucho más que escuchar uno de sus gritos—. La muy perra...
—¿Qué esperabas que hiciera? —apoyé las manos en el suelo e intenté impulsarme y levantarme—. ¿Pensabas que esperaría por ti toda la vida? —sonreí y volví a escupir sangre—. Ángela Atwood es demasiado inteligente, creo que tiene más agallas que tú y yo juntos.
—Esta vez pudiste arrebatármela de las manos, pero créeme que no descansaré hasta encontrarla, a ella y al maldito hijo de puta con el que me está engañando.
—¿Qué sucede, padre? ¿Te ofende que mi madre esté enamorada de otro hombre? —papá hizo un gesto y los dos hombres se acercaron. Uno me agarró de los brazos y el otro me golpeó en el estómago. Nunca en la cara, aquello dejaba un rastro y papá era experto en golpearme sin que nadie se diera cuenta. En mi espalda ya no había un sitio que no hubiese maltratado ya, y mi estómago parecía un lugar demasiado bueno para golpear.
—Basta —cuando me soltaron, ni siquiera puse resistencia. Me dejé caer como un verdadero peso muerto—. Olivia Sinclair —abrí los ojos, expectante, como cada vez que mi padre la nombraba. Alerta para protegerla—, se casará muy pronto —. Ninguno de los golpes que me dio papá o sus matones me dolió tanto como aquello—. Ya no nos queda mucho tiempo, y francamente esa maldita muerta de hambre me está agotando la paciencia —las alarmas se encendieron dentro de mi cabeza, permanecía inmóvil para no quedar en evidencia, pero por dentro el pánico se apoderó de mí—. Tienes dos semanas para frustrar esa boda y colocarle un jodido anillo en el dedo —fue todo lo que dijo antes de salir con sus matones y dejarme en mi departamento congelado, asustado como nunca antes en mi vida.
Me levanté apenas, me arrastré hasta mi celular y llamé a Carson.
—Señor Henderson.
—Debes redoblar la seguridad en la casa de Olivia, ella jamás debe estar sola.
—¿Tiene información que me pueda ayudar un poco más, señor?