¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—No tendrás el informe en una hora si me citas a una reu...
—¡Me importa un carajo el informe! —soltó enojado. Me senté frente a él y resoplé—. ¿Qué es eso de "vete a la mierda, Maximilian"?—preguntó furioso dejando caer un montón de hojas sobre su escritorio. Me miré las uñas.
—¿Necesitas que te lo explique?
—Si fueras tan amable —ironizó —. ¿Quién te autorizó para asistir a esa reunión? —dejé mis manos sobre mi cintura y lo miré, ya francamente cabreada.
—¡Tú!
—¡Claro que no! ¡Te dije que iríamos juntos!
—¿Juntos? —entorné la mirada—. ¿Cuándo? ¿Antes o después de tontear con tu novia?
—Ese no es tu problema...
—¡Claro que no es mi problema! —solté alterada—. Sabías a qué hora comenzaba la maldita reunión. Te envié mensajes, te llamé, fui a tu oficina, pero estaban un poquito ocupados —enfaticé—. ¡Deberías haber ido en vez de buscarme como un poseso por la oficina! ¡Idiota!
—¡Bájame el tonito! —me crucé de brazos y lo miré con rabia.
—Idiota —dije con voz calmada. Él alzó una ceja y yo fruncí la boca—. Admite que esto es tu culpa, y no te preocupes, que volví a salvar tu bonito trasero en la reunión. Ellos esperaban hablar contigo, pero los cautivé con mi llamativa personalidad.
—¿Qué hiciste?
—Ya verás cuándo leas el informe que redactaré para ti.
—Maldita sea, Olivia. Dame un poco de contexto...
—¿Quieres contexto? —repliqué con voz chillona mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de pura rabia—. ¡Esta mañana le regalé dos horas de mi tiempo a la empresa porque quería sorprenderte por tu maldito cumpleaños! —Max achicó los ojos—. ¡Sí, y para mi mala suerte confío demasiado rápido en las personas y creí que tú eras mi amigo, pero hace poco me gritaste que solo era una empleada...!
—Liv...
—No, no más Liv. ¡Se acabó Liv! —solté furiosa—. Me hiciste creer que éramos un buen equipo de trabajo, pero resulta que para ti soy exactamente lo mismo que para tu padre. Al menos él no oculta lo fastidiosa que le parezco...
—Hablaste mal de Maya...
—¡Me estabas gritando por un maldito descuido tuyo!
—¡No tolero que hablen mal de ella! —si las miradas mataran, él hace dos segundos habría caído sobre la bonita alfombra que había en el suelo de su oficina.
—¡Pues yo no tolero que me traten de esta manera tan injusta! ¡Seas tú o tu padre! Si quieres despídeme, pero alguien los tiene que bajar de esa nube en la que están y en la cuál se creen intocables. Te equivocaste, y quién la cagó hasta el fondo esta vez fuiste tú, y si ese negocio hubiese fracasado tampoco habría sido mi culpa. Tú y tu maldita inmobiliaria se pueden ir a la mierda...