Capítulo 42: Las heridas sanan con amor

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El lunes siguiente Max me envió un mensaje casi cinco minutos antes de salir de la oficina

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El lunes siguiente Max me envió un mensaje casi cinco minutos antes de salir de la oficina.

Mi corazón se volvió loco, ¿les dije que desde el sábado en la noche siento que camino sobre una nube?

Di un saltito de emoción cuando leí el mensaje.

Te espero en nuestro lugar. No estoy solo, Liv. Un sándwich de atún, Central Park y mis ganas de ver la sonrisa de mi novia.

—¡Mi novio! —reí.

Apagué todo, agarré mis cosas, me coloqué el abrigo y salí de mi oficina en completo silencio. No quería alertar a Alastair que me retiraba cuatro minutos antes de la oficina. Cuando crucé el pasillo, vi horrorizada como el pomo de la puerta del despacho de Alastair se giraba... corrí hasta desaparecer en el elevador.

Me despedí con cariño y algo de apuro de los compañeros que se cruzaban en mi camino, hasta que salí del edificio y crucé corriendo internándome en el bonito parque. Por supuesto que sabía dónde estaba. Me apresuré y caminé más rápido, hasta que lo vi.

Y mi sonrisa fue gigante.

Estaba sentado en la banca que solíamos utilizar, mirando con el ceño fruncido a las personas que había alrededor. Unos corrían, otros simplemente caminaban en compañía de amigos. Sostenía una bolsa de papel, dónde suponía estaba el sándwich. El repiqueteo de mis tacos llamó su atención, y cuando se giró hacia mí, se levantó sonriendo. Abrió sus brazos y yo acorté la distancia corriendo, para lanzarme sobre él. Fue una suerte que él estuviera preparado para mi locura, porque de no ser así, los dos estaríamos sobre el suelo.

—¿Me tengo que acostumbrar a estas muestras de cariño? —preguntó sonriendo.

—Es esto o mi rodilla entre tus piernas —Max arrugó el rostro y negó.

—Prefiero lo primero —rodeé su cuello con mis brazos y apoyé mi frente sobre la suya.

—Escapé de la oficina justo cuando tu padre salía del despacho para preguntar algo —Max volvió a sonreír—. Pero hoy llegué cinco minutos antes, era justo que me retirara un poquito antes, ¿verdad? —alzó una ceja y recorrió mi rostro con cariño, cuando volvió a mis ojos asintió.

—Nunca creí que envidiaría tanto a mi padre, porque ahora lo único que quiero es volver a trabajar contigo, Olivia —suspiré.

—Le puedes decir a Alastair que me necesitas en Escocia cuando debas volver —Max se mordió el labio mientras sonreía.

—Estoy enamorado de tu cerebro —acorté las distancias y lo besé.

El sábado, después de aceptar ser su novia, nos besamos durante toda la noche. Eran tantas las ansias que tenía de él, que no me quería separar un segundo y, ¿adivinen qué? ¡Pude manosear su trasero mientras lo besaba!

Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora