Capítulo 40: La esperanza que se encaprichó por amor

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—¡Hola! —una gran sonrisa se dibujó en su rostro cuando me vio, luego me levantó de un abrazo mientras reía—

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—¡Hola! —una gran sonrisa se dibujó en su rostro cuando me vio, luego me levantó de un abrazo mientras reía—. No pude venir antes, pero me moría por verte —miré por encima del hombro de Micah a Max, que observaba la escena con una ceja alzada y su expresión era de preocupación.

—Yo también —murmuré. Al decir eso, Max bajó la mirada y deslizó las manos en los bolsillos del pantalón. Me separé de Micah y lo miré sonriendo.

—Me quedaré un par de días, ¿tienes tiempo? ¿Cómo te ha ido en clases?

—¡Acabo de recibir mi primera calificación! —dije algo más entusiasta.

—¿Cómo te fue?

—¡Fui la mejor! —la sonrisa de Micah creció y sus ojos se iluminaron con orgullo.

—¡Tenemos que ir a celebrar! —cuando dio un paso hacia la izquierda vio a Max, y la sonrisa poco a poco se esfumó. Estaba segura que ahora mismo reparaba en nuestra ropa mojada, en el desastre absoluto que éramos Max y yo—. ¡Oh! —tragó en seco y luego carraspeó—. Lo siento, no me di cuenta que estabas —volvió a sonreír y se acercó para saludar. Max estrechó la mano que Micah alzaba hacia él.

—¿Cómo estuvo el vuelo? —preguntó el hijo de mi jefe.

—El avión no se cayó —ironizó y Max alzó las dos cejas y esbozó una mueca que no alcanzó a ser una sonrisa.

¡QUE INCÓMODO!

—Sí, me di cuenta —dejé escapar una risa nerviosa y me acerqué a los dos.

—¿Por qué no bajamos a cenar? —pregunté.

—¡Claro! —contestaron a la vez. Micah y Max entornaron la mirada mientras yo me mordía el labio.

—Creí que íbamos a... —comenzó Max.

—Pensé que, como no nos vemos hace un tiempo... —lo interrumpió Micah. El rubio bufó.

—¿Qué les parece si cenamos los tres en el hotel? —sugerí.

—¿Los tres? —volvieron a preguntar a la vez mientras se miraban malhumorados.

—Vamos chicos, no todos los días puedo celebrar que fui la mejor calificación, y resulta que me gustaría festejar con dos buenos amigos —sonriendo volví a abrir la puerta y los miré—. En una hora nos juntamos en el recibidor del hotel, ¿les parece? —los invité amablemente a salir de mi habitación. Los dos se miraban, como si ninguno quisiera abandonar primero el cuarto. Carraspeé, apremiando el primer movimiento y los dos se movieron a la par. Chocaron en el umbral de la puerta mientras se miraban con desconfianza.

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Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora