Capítulo 49: Un buen padre para mi hijo

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Estaba en mi habitación, en la casa de mis padres, parada frente a la ventana observando la calle

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Estaba en mi habitación, en la casa de mis padres, parada frente a la ventana observando la calle. La tranquilidad aparente reinaba allí afuera. Por inercia acariciaba mi vientre.

Una semana transcurrió desde que dejé el departamento de Maximilian, y aún estaba en una constante reparación y los recuerdos no ayudaban mucho.

A pesar de haber sido un bastardo conmigo, la sonrisa de Maximilian Henderson seguía calentando un poco mi malherido corazón. Cada tarde como pasatiempo predilecto recordaba las mil maneras en las que se valió para enamorarme. Su irónico sentido del humor, la paciencia que tenía con mis esporádicos cambios de humor, la pasión con la que solía creer que me amaba y todo fue parte de una mentira. Una cruel mentira que no me permitía seguir adelante.

Las lágrimas sucumbían con una facilidad asombrosa, la última semana.

Pedí dos semanas de vacaciones, porque necesitaba reunir el valor suficiente para enfrentar a los Henderson. Estaban muy equivocados si pensaban que no volvería a la empresa, no me verían sufrir. No les daría en el gusto de verme humillada. Sobre todo, a él.

Solo necesitaba un par de días para recomponer a la mujer que solía ser antes de que Maximilian me destrozara.

Nadie sabía que estaba embarazada, así como tampoco sabían la verdadera razón de nuestro quiebre, el único que conocía aquel misterio era Micah. Él me aconsejaba que lo hablara con alguien, que no era bueno que guardara tanto dentro de mí, sobre todo la noticia del embarazo. Sin embargo, me aterraba la reacción de mi familia, no quería que mis padres y hermanos me hiciera preguntas con respecto al padre. No estaba preparada para dar explicaciones aún.

Una lágrima escapó de mis ojos y cuando la estaba enjugando la puerta de la habitación se abrió. Amelia estaba parada frente a mí esbozando la misma sonrisa de lástima que todos me dirigían la última semana.

—Vamos al parque, ¿quieres ir? —sonreí agotada, todos intentaban que mi estado de ánimo mejorara.

—No, gracias. Estoy cansada, tal vez duerma un rato —Amelia me miró entornando los ojos.

—Micah insistió en llevarnos a todos al parque, dijo que había juegos nuevos y Astra está fascinada con la idea.

—Me alegra que pudieran encontrar una razón para animarla —no era la única que extrañaba a Max. Astra me preguntaba a menudo por su tío, ella lo adoraba y extrañaba a su cómplice de travesuras. No le podía decir que ese hombre maravilloso había resultado ser un maldito impostor. Odiaba que jugara con mis sentimientos, pero me mataba ver el destello triste en los ojos de mi sobrina por su culpa.

—Ayer la sorprendí revisando el celular de James —fruncí el ceño.

—Tal vez quería jugar —Amelia negó y se acercó hasta sentarse en mi cama, hice lo mismo al lado de ella.

—Estaba buscando el número de Max en la agenda —abrí los ojos sorprendida. Inmediatamente me llevé una mano al vientre.

—¿Por qué?

Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora