¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
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Mi corazón aún latía enloquecido cuando me dejé caer en la cama con una sonrisa que no desaparecía de mi rostro.
—«Me ocurren tantas cosas contigo, Liv» —repetí con una sonrisa amplia mientras estiraba mis brazos por encima de mi cabeza y movía las piernas en una celebración propia de una adolescente—. ¡Siente cosas por mí! —reí.
Me sentía feliz, las mariposas revoloteaban entusiastas en mi vientre, la sonrisa no se borraba y mis ilusiones navegaban en un mar cursi y rosa.
Pero, ¿en realidad creen que mis problemas sentimentales acaban solo porque Maximilian pomposo Henderson se declaró? ¡Claro que no!
Me mordí el labio.
No soy rencorosa, pero si él quiere conseguir algo más que una amistad de mí... que le cueste.
Que le cueste sudor y lágrima.
Mi corazón ya no está disponible para volver a ser despreciado.
Me acomodé en la cama y abracé el cojín mientras la sonrisa permanecía intacta.
Estaba dispuesta a comenzar desde cero, pero esta vez sería bajo mis reglas. Mis propias normas protegerían mi corazón.
Ahora mismo mi corazón estaba en sus manos, pero no mi confianza. Todavía flaqueaba cuando se trataba de él.
«—Dame tiempo para recuperar tu confianza —pidió con los ojos brillantes de emoción.
—No se trata de recuperar la confianza, Max. Me dañaste, me lastimaste y la herida aún permanece abierta.
—Quiero sanar esa herida con sonrisas, Liv. Juro que puedo ser el mejor cuidando de esa herida, de cada parte de ti.»
Quería ir lento, no sabía con claridad hacia dónde me llevaría esto, pero prefería arriesgarme que lamentar durante toda mi vida no hacer caso a mi corazón.
Solo que esta vez sería un poco más precavida.
Asentí, con confianza.
Precavida sería mi segundo nombre desde ahora.
Mi teléfono comenzó a sonar y sonreí cuando vi la imagen de mi hermana mayor.
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