Capítulo 29: Reparando corazones rotos

50.7K 3.6K 583
                                        


Hace cuarenta minutos que manejaba el auto de Max, y cada vez que un semáforo me daba un rojo lo observaba preocupada

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Hace cuarenta minutos que manejaba el auto de Max, y cada vez que un semáforo me daba un rojo lo observaba preocupada. Estaba pálido, con la mirada perdida y enrojecida. El cabello estaba revuelto de tantas veces que había pasado las manos por ahí. Estaba tan desencajado que estaba segura que se torturaba recordando la escena poco decorosa que Maya le había regalado.

—¿Quieres pasar la noche en mi casa? —pregunté finalmente.

—Muchas personas —repuso cortante.

—Estoy segura que no quieres ir a la casa de tus padres, ni a tu departamento.

—Dos calles más allá hay un hotel.

Lo llevé hasta el sitio que había sugerido, lo registré en la recepción y ambos fuimos hasta la habitación del piso doce. Cuando entramos lo primero que hizo fue dirigirse al bar y tomar una copa de vino, dio el primer sorbo y luego la aventó contra la muralla blanca furioso.

Lanzó al suelo todas las botellas mientras gritaba, botó todo lo que estuviera a su paso y cuando no había nada por destrozar se dejó caer al suelo de rodillas y emitió un ruido que me aterró. El gran empresario Max Henderson estaba sollozando desesperado mientras golpeaba el piso con sus puños aún ensangrentados. Mi corazón latía agonizante junto al suyo totalmente roto.

Me acerqué y con cariño le acaricié el cabello. Él me miró suplicante y yo me arrodillé junto a él.

—¿Por qué me hizo esto? —preguntó destruido.

—Porque no supo valorar la bonita relación que tenía contigo —Max estaba desesperado, como si su corazón agonizara después de aquella decepción tan horrible.

—¿Nunca me quiso?

—No lo sé —susurré después de un rato—. Tendrás que preguntárselo a ella.

—¿Cómo puedo olvidar todo de ella?

—Con tiempo supongo.

—¿El tiempo ayuda? —inquirió igual que un niño y yo sonreí.

—Imagino que para todos es diferente, pero desde luego que el tiempo ayuda —tomó mi mano.

—¿Tú me olvidaste? —preguntó sin asomo alguno de soberbia, solo con la curiosidad viva y desesperada.

—Te aseguro que el tiempo ayuda —él me miró desesperanzado y más lágrimas se deslizaron por su mejilla.

—¿Es normal que duela tanto, Olivia? —fruncí la boca y asentí.

—Creo que sí —solté su mano y me levanté—. Llamaré a Alec para que se quede contigo... —él también se levantó.

—Quédate conmigo, por favor —me tensé y negué.

—No, lo siento, pero no puedo...

—Por favor, Liv, te lo ruego —tomó mi mano entre las suyas y se la llevó a los labios—. No tengo a nadie más que a ti.

Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora