Epílogo

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DOS AÑOS DESPUÉS

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DOS AÑOS DESPUÉS

—¡Chist! —me chistó Max llevándose un dedo a los labios. Yo me tapé la boca con las manos para no soltar una carcajada—. Te quedarás sin premio, Olivia Henderson.

Los dos salimos con mucho cuidado de la habitación de Noah. Max dejó la puerta entre abierta y miró a nuestro hijo una última vez.

—No es justo, ni siquiera me dejaste darle un beso.

—Si despertaba, nos dejaba sin nuestra noche.

—Pobrecito, estaba esperando el beso de la mamá —me miró por encima del hombro y arqueó una ceja.

—No esperaba un beso precisamente —fruncí el ceño—. El codicioso esperaba otra parte de tu cuerpo y el papá también, la verdad. —le pegué en el hombro cuando entendí qué quería decir.

—¡No soy una vaca regalando leche! —Max sonrió, miró una última vez a Noah y luego se acercó y rodeó mi cintura con sus brazos mientras me daba un beso.

—¿Cómo estuvo tú día, mi amor? —suspiré, derretida. Me colgué del cuello y lo miré mientras sonreía.

—Me encanta la tiranía, ¿sabes cuántas veces leí esa palabra en los ojos del asesor financiero? —negó—. ¡Unas mil veces! —hice un mohín con la boca que él besó—. ¿Por qué les cuesta tanto recibir órdenes de una mujer?

—Porque son unos bastardos inseguros.

—Cada vez son menos, pero me frustra que sean tan déspotas en sus comentarios irónicos.

—No te frustres, no les des en el gusto. Esos imbéciles necesitan crear inseguridad en ti para sentirse superiores, pero no lo conseguirán Liv. Tú eres poderosa —me mordí el labio mientras sonreía. Me encantaba cuando terminaba el día y teníamos un momento para los dos.

—Te amo —me dio un beso mientras me apretaba el culo.

—Lo sé, Olivia Henderson.

Hace dos años, luego de nuestra reconciliación en Central Park, nos casamos. Un mes exacto después. No necesitábamos pensar, ni hacer preparativos. Nuestro hijo, Miv, nuestras familias y amigos estuvieron en la boda improvisada y no precisamos de nada más.

Ahora vivíamos en la casa en la que inicialmente viviríamos Noah, Miv y yo. Max comenzó a quedarse algunos días, hasta que ya no le permití que se fuera. Después de la boda, no nos separamos nunca más.

Me quedaban tres semestres para finalizar mis estudios, y jamás me sentí agobiada porque Max se encargaba de todo para que yo rindiera mis exámenes y estudiara tranquila.

¿Les cuento algo?

Me hacía feliz ver el anillo en el dedo anular de Max. ¡Dios! Nunca fui posesiva con él, pero ver ese anillo en su dedo era la confirmación tangible de sus sentimientos: era mío.

Con Ella [COMPLETO LIBRO 1]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora