¿Del odio al amor? ¡Hay un estúpido cupido!
Olivia Sinclair tiene una vida tranquila, sin muchas pretensiones más que ayudar a su familia económicamente.
El único problema con el cuál debe...
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Era la primera vez que viajaba en avión y estuve más de quince veces a punto de vomitar en el pequeño servicio del maldito avión.
¡Que terrible!
Definitivamente no era mi medio de transporte favorito. No, no, no.
Lo único que quería era llegar a mi destino y refugiarme en unos brazos que solidarizaran con mi corazón roto.
Y ahí estaba, con un pequeño cartel que decía mi nombre. Cuando me vio sonrió, y aquello resaltó lo guapo que era. Giró el cartel y me reí cuando leí: "Mio piccolo diavolo" me encogí de hombros y asentí mientras bajaba el cartel riendo. Si era un pequeño demonio cuando me lo proponía.
Cuando llegué junto a él, Santino me envolvió en un abrazo que me reinició por completo.
—Bienvenida —susurró y yo lo abracé con mucha más fuerza mientras me derrumbaba—. Tranquila, que no sé qué hacer cuando las mujeres lloran —en medio de las lágrimas me reí, me aparté y él me enjugó las lágrimas—. Mio piccolo diavolo, que placer tenerte en Grecia.
—Gracias por recibirme de esta manera tan imprevista.
—Somos amigos, Olivia, pero también soy un tipo inteligente y tú eres lo que siempre he querido para mi cadena de hoteles.
—¿Tu propuesta sigue en pie?
—Tardaste demasiado en responder —dijo y yo tuve sensación de desmayo y él me miró divertido—. Tranquila, que no te hice venir por nada.
—Sí, porque sería muy triste que me arrestaran en un país donde no conozco las leyes por asesinar a mi supuesto amigo —Santino dejó escapar una risa breve.
—Estamos atravesando una temporada alta, y necesito ayuda. Los siguientes dos meses serán una verdadera locura y me gustaría que fueras mi asistente personal.
—¿Es en serio? —pregunté sorprendida—. No tienes que hacer esto, podrías ubicarme en cualquier hotel y yo podría trabajar limpiando...
—¿Y perderme ese radar de negocios que eres? —dejé caer los hombros derrotada y él cogió mi maleta—. No sé qué ocurrió en Nueva York, porque hasta donde sé, Henderson siempre fue receloso cuando se trataba de ti —mis ojos se llenaron de lágrimas y él frunció el ceño—. ¿Qué fue lo que te hizo Olivia?
—Se burló de mí —Santino me envolvió en sus brazos.
—¿Por qué crees eso?
—Él siempre supo que yo estaba enamorada, le contó todo a su prometida y los dos se burlaron.
—Figlio di puttana —sollocé con fuerza y él me dio un beso en la sien—. Ya no llores por culpa de ese stronzo, lo mejor que pudiste haber hecho es venir a mí, principessa. Ven, ¿quieres ver ese océano que tanto te gusta?